La corbata blaugrana de Felipe VI en la Copa del Rey

El pasado sábado se disputó la Copa del Rey. Felipe VI, en un gesto sin precedentes, se presentó al evento que enfrentaba esta vez al Sevilla y al Barça con una corbata de franjas blaugrana. Nadie le dio importancia al accesorio: simple casualidad, no hay que darle mayor importancia a algo tan insustancial y superfluo, ¿verdad? Y a los pocos o muchos que percibieron un mensaje oculto y subliminal en la elección estilística del monarca, como si éste tomara partido por uno de los equipos y fuera rey sólo de unos y no de todos, los tacharon de “enfermos”… Pero eso no fue lo que en realidad ocurrió, claro. La polémica se generó porque Felipe VI optó por una corbata de rayas blancas y rojas. ¿Lo comprendes ahora, querido Jordi Cañas? SEGUIR LEYENDO

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El significado oculto de la corbata V.E.R.D.E

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V.E.R.D.E La corbata verde (aunque la combinara con camisa blanca) escogida por el rey para presidir el partido de anoche entre el Barça y el Sevilla no era un guiño partidista al equipo andaluz. El color del accesorio responde al acrónimo “Viva el Rey de España”, símbolo indumentario adoptado por los alfonsinos (Duque de Cádiz) para identificarse cuando la dictadura franquista no permitía verbalizar el vítor. Esta vez, la corbata verde le sirvió a Felipe VI para contestar sin decir ni mu a les estelades y al gran pitido que recibió el himno español.  

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Los ojos Empieza a sonar el himno y con él, el esperado pitido. Pese a la solemnidad que exige el himno (posición firme de respeto), llama la atención hacia dónde se dirigen las miradas de Felipe VI y el president de la Generalitat. Puigdemont gira la cabeza completamente observando a la gradería del Barça de donde proceden los silbidos (está más cómodo con aquel espacio que con el que ocupa en el palco); Vicente del Bosque tuerce levemente el cuello (le puede la curiosidad) y el rey sólo dirige una mirada que sonríe amenazadora (os estoy vigilando, me las pagaréis). 

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Sonrisa tensa No hay mayor ofensa que sonreírle a alguien cuando el otro espera que estés cabreado y ofendido porque la sonrisa pasa a interpretarse como una burla o un desafío. Letizia dibujó esa sonrisa en su boca al llegar a su asiento (no me importa que nos pitéis). Sin embargo, para saber si una sonrisa es sincera o falsa basta con observar los ojos. Porque como siempre os digo, se sonríe con la mirada y no tanto con la boca. La reina mostraba una sonrisa tensa (labios rígidos) y ojos muy abiertos (cuando reímos de verdad, los ojos se rasgan); así que su interpretación de “no me importa nada, estoy por encima de todos vosotros” no era nada creíble. Y es que la sonrisa estaba tan petrificada en su cara que le costó darse cuenta que sonaba el himno de España y debía mostrar un expresión más solemne (seria).  Un ejemplo de sonrisa sincera (sólo ojos), aunque fuera maliciosa (cierra los labios para que no se le escape la risita), es la de Artur Mas en la Copa del Rey del pasado año.

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Puigdemont no aplaude Una vez acabado el himno, el president de la Generalitat se entretuvo en los botones de su chaqueta (no había motivo porque estaba abrochada perfectamente) para no aplaudir el himno español. Podía haberse quedado sin hacer nada (demasiado agresivo), pero la incomodidad de estar en “territorio enemigo” lo empujó a disimular la ofensa a los asistentes (gesto de respeto pero no de sumisión).

FINAL SEVILLA - BARCELONA

Pitido Tal vez, a medio estadio se le reventó el tímpano (creo que el himno se escuchó desde Australia) pero lograron que el estruendoso pitido quedara más o menos disimulado. Vicente del Bosque no pudo evitar llevarse la mano al lóbulo para proteger su oído.

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Aniversario Por muy rey que seas, celebrar el 12º aniversario de bodas en el fútbol es cutre y motivo de divorcio. 

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YosoylaCamacho Como Alicia Sánchez Camacho estire más el cuello se desnuca. Menos mal que llevaba los aros de choni para hacer de contrapeso.

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Artur Mas no puede evitarlo

Espectacular y esperada pitada al himno de España en la final de la Copa del Rey. Felipe VI aguanta el tipo con la cabeza altiva (por encima de cualquier ofensa) pero la mirada pérdida (no escucha). Junto a él, el president de la Generalitat autocensura la sonrisa (protocolo) en sus labios pero no puede evitar reír con la mirada (satisfacción). Eso sí, las manos de Artur Mas evidencian la incomodidad del momento. Es lo que pasa cuando la cabeza ordena una cosa y el corazón siente otra muy distinta.

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Duran Blaugrana vs Rajoy merengue

Visto que hiero a muchas sensibilidades cuando hablo de él, me había planteado dejar unos días al presidente español tranquilo. Pero no he podido resistirme después de ver esta imagen. Es de la reunión de ayer entre Josep Antoni Duran i Lleida (sí, con corbata azul y grana) y Mariano Rajoy en La Moncloa, horas antes de celebrarse la final de la Copa del Rey. Aunque los medios de comunicación se han quedado con el detalle del portavoz de CiU en el Congreso, el trozo de carne entre el pantalón y el calcetín del jefe del ejecutivo me tiene perpleja (Arghhhhhh!!!). Esa piel lechosa (quizá se trataba de un mensaje subliminal: merengue Madrid) y de pelos endebles asomando…  Súbase el calcetín para que no le pase (si es porque le impide la circulación, los hay con goma que no aprietan).

 

Las lentejuelas de Soraya S. Santamaría en la Copa del Rey

Los máximos representantes de España, el rey y Rajoy, no pasaron por allí. En su lugar, el príncipe y Soraya Saénz de Santamaría aguantaron el tipo como bien pudieron. Si la vicepresidenta prefirió poner cara de concentración cuando sonó el himno (y los pitidos), al hijo del monarca, educado también para esto, no se le percibió incomodidad ninguna. Pese a la plataforma y el taconazo, a Sáenz de Santamaría le faltaban ayer muchos más palmos que a Letizia para estar a la altura de su vecino de asiento.  Quizá por eso, incluir en su atuendo una camiseta de lentejuelas amarillas (emulando al dios Sol), aunque raro para acudir a un partido de fútbol, consiguió levantarle el ánimo.

PD. Toda esta gente que pita el himno de España y al príncipe, me parecen unos hipócritas. Si uno no cree en España ni en la monarquía (totalmente aceptable e incluso, comprensible) que no participe en un campeonato que se llama la Copa del Rey y todos tan felices.

 

Me gustó la combinación camisa y corbata en rosa del príncipe (un estilismo conciliador, cordial y respetuoso con lo que iba a acontecer). Las lentejuelas en amarillo de la vicepresidenta estaban fuera de tono para un partido de fútbol, pero sí le hicieron sentirse mejor, ok.