Qué no hacer en un debate electoral

1. Sé tú mismo Típico consejo de último minuto por parte de tu equipo para intentar tranquilizarte, que se añade al tan recurrente “ o vas a hacer genial, lo sé” y que propicia que haya aspirantes a la presidencia de la Generalitat repanchigados en sus asientos como si estuvieran en el sofá de ca la sogra o en el bar de la esquina. Porque, ¿qué “tú mismo” debes ser? ¿El “tú mismo” que eres con tu mujer, amante, hijos, compañeros, amigos, enemigos, vecinos, contigo mismo? A no ser que seas Obama, ni caso. La improvisación y la naturalidad son artes reservados a los semidioses. Que sí, a todos (incluida la propia moderadora, Ana Pastor) nos enamoró que Antonio Baños sacara un abanico en mitad del debate de las elecciones del 27S o nos divirtió que Gabriel Rufián abandonara el plató de Tv3 para ir al baño; pero es mejor caer en gracia que ser gracioso. SEGUIR LEYENDO 

4356708

Carles Riera, lo peor que le podría pasar al 155

“Los radicales, extremistas, etarras, agitadores, violentos, perroflautas y la reencarnación de Satán” presentan a este hombre -sosegado, dialogante, formado, buen orador, educado y perfectamente aseado- como candidato a presidir la Generalitat de Catalunya y dejan nuevamente en evidencia a la derecha y la izquierda más casposa de este país. Ames u odies a la CUP, sería honesto reconocer que actualmente no hay aspirante mejor (vestido).

Consciente Carles Riera es terapeuta Gestalt. ¿Qué quiere decir eso? Según los trogloditas de twitter, la Gestalt es una secta o una pseudociencia. Según la psicología (ciencia), la terapia Gestalt consiste en tomar conciencia de lo que pensamos, sentimos y hacemos. 

Seco Como buen psicoterapeuta, emocionalmente reservado: “Dime tú cómo te sientes y yo sabré cómo enfrentarme a esa actitud sin perder mi equilibrio existencial”. Lo describen como un hombre “tranquilo”. Más que tranquilo, se antoja algo seco de carácter (si lo comparas con alguien tan adorablemente sensible como David Fernàndez o alguien tan adorablemente payaso como Antonio Baños). Le cuesta sonreír y entusiasmarse con lo que expone, así que también le cuesta enojarse en un debate (aunque mantener la calma siempre lo hace a uno ganador). Del mismo modo, ninguno de sus gestos es gratuito. Cuando habla, inclina su cuerpo hacia delante (= me dirijo a ti, préstame atención). Cuando escucha, vuelve a su posición normal y lleva su mano a la barbilla o frente (juicio y análisis). Y uno de sus gestos más repetidos es el de pedir calma con las manos (control sobre los demás).

Coherente Camachas, americanas de cheviot, camisas blancas de algodón, jeans, parkas, boinas, jerséis de lana gruesa, piercing (discreto, nada que ver con el pendiente de quinqui que luce Xavier Domènech) … Todas las piezas que viste este señor, incluyendo esas preciosa gafas, son de una coherencia absoluta con la ideoestética de izquierda. Y aunque hubiera lucido un terno (traje de tres piezas: pantalón, americana y chaleco) con corbata, como Antonio Baños, sería coherente (el traje burgués lo crearon los sans culottes en la Revolución Francesa). ¿Por qué? Porque casi toda la indumentaria que usamos hoy es de origen obrero o militar (incluso las piezas más icónicas de los nazis o de la guerra de Vietnam perdieron su antiguo significado cuando los jóvenes pacifistas las adoptaron como señal de protesta). La incoherencia ideoestética vendría si se enfundara un smoking, frac o chaqué (prendas de origen aristocrático y que históricamente la izquierda -la izquierda de verdad, no Pablos Iglesias y Felipes González- ha rechazado por considerarlas un símbolo oligárquico) o escogiera marcas que no fueran ecoéticas (no sostenibles e irrespetuosas con los trabajadores y la creatividad). La única vez que ha tenido un resbalón estético fue el último día que intervino en el Parlament con una sahariana de manga corta (prenda colonialista).

Sencillo Dada la gran pluralidad ideológica que conforma la CUP surge una gran pluralidad estética. El estilo de David Fernández nada tiene que ver con el de Baños o Riera. Aún así, los tres cabezas de lista que ha presentado la CUP tienen dos cosas en común: coherencia (explicado en el punto anterior) y estilo (carácter, personalidad definida) y, por lo tanto, pueden dar lecciones de estética (ética indumentaria) al 98% de los políticos de este país (incluyo a toda España). Otra cosa sería hablar de elegancia. David Fernàndez no es elegante y no viste bien. Tampoco, aunque lo intente, lo consigue Baños. Carles Riera viste bien (harmonía del conjunto resultante) y es elegante (que esa difícil sencillez parezca algo fácil) aunque vista casual. 

Intelectual Aunque lleve jerséis de algodón negros de cuello alto, Carles Riera no es un bohemio. Su peinado (tupé delicadamente domado) y el pulido recorte de su barba (ha lucido sin, pero está mucho más interesante con ella) hablan de una persona de ideas fijas. Y así te lo imaginas: sentado en su vieja butaca, disfrutando de un café en su taza preferida y devorando millones de libros. Sin duda, esta bella y sofisticada estampa de la CUP sería lo peor que le podría pasar al 155. 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Política basura

Somos lo que comemos. Y Donald Trump le ha pedido a los chefs de la Casa Blanca que se inspiren en McDonald’s para elaborar sus menús. Ya ven, uno de los hombres más poderosos del mundo, que podría exigir cualquier exquisitez culinaria, reclama consumir comida basura. A estas alturas no creo que sus gustos escandalicen ya a nadie; pero busco señalar y remarcar su petición porque alguien podría verse tentado a catalogar tal antojo de “austero y humilde”, cuando es otra prueba más de la mediocridad que alimenta al poder político actual. SEGUIR LEYENDO 

img_melies_20170316-162124_imagenes_lv_terceros_trump_diet_coke-kJuG--656x652@LaVanguardia-Web

 

La representación gestual del 155

Bob Pop confesó esta semana en Late Motiv que cuando algún individuo o temática lo incomoda decide travestirlo. Así, en vez de referirse a “el 155″, habló de “la 155″. He procurado seguir la recomendación, pero como analista del lenguaje corporal se me hace imposible. El 155 es macho, el típico machito ibérico español tardofranquista. Y no importa si quien lo justifica es una mujer: la representación gestual del 155 supura testosterona.

Fue evidente la bravuconearía con la que Soraya Sáenz de Santamaría (S3) salió ayer por la tarde a defender el 155 en el Senado. Quizá, la afonía -no se sabe si de taberna o por tanto gritar el “a por ellos”- facilitaba visualizar esa arrogancia tan característica en la vicepresidenta cuando se enfrenta al adversario. Porque gestualmente intentó estar contenida (las manos ancladas en el atril para evitar tentaciones, pero los brazos separados para expandir su espalda y presencia). Todo se concentró entonces en su rostro: altivez (levantar barbilla=soy superior a ti), mirada desafiante (ojos dilatados=te tengo ganas) y exhibición innecesaria de los dientes (ataque inminente). Aunque lo más llamativo fue cuando se relamió al imaginar el hecho de que Puigdemont hubiera acudido finalmente a la cámara alta (menos mal que el president no lo hizo, lo hubieran devorado). SEGUIR LEYENDO

s3barbilla