Joana Ortega a la Fiscalía: «Dirty Lips Mood»

«Dirty lips mood». El mensaje de Joana Ortega, tras conocer que la fiscalía pide 9 años de inhabilitación para ella e Irene Rigau y 10 para Artur Mas por el 9N, lo ha transmitido a través de su camiseta al más puro estilo cupero. Y si parecía chocante la camiseta pancarta con lentejuelas (la carga sexual del contenido sorprende en una mujer que representó durante años a un partido democristiano), el resto del look no tenía desperdicio. Al abrir plano, pantalón pitillo con tachuelas y sandalias de cuña tamaño #comomecaigadeahíalalecheesconsiderable (también conocidas como «andamios S3″). Un horror que sólo tiene explicación si uno sabe que Joana Ortega ahora se dedica a la moda (tiene un showroom con un italiano) y eso en este país (da igual al que se refieran: Catalunya o España) sólo conlleva aberraciones estilísticas como la de la ex vicepresidenta. Ahora, tal vez Ortega sólo pretendía castigar visualmente a los poderes estatales… Pero si era ese el objeto, reto no conseguido: el horterismo de los Madriles es insuperable.

Si alguien quiere hacerse con la camiseta de Joana Ortega, aquí está el enlace (59,75€). 

 

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Fernández Díaz suda un Rato

Comparecencia no verbal del ministro de interior para tratar de explicar su reunión con Rodrigo Rato.

1. Aflojarse la corbata. Te sientes intimidado. La situación te supera. Estás incómodo. Comienzas a sudar y te cuesta respirar.

2. Recolocar el nudo en público. Símbolo fálico de la coquetería masculina, muchos hombres precisan ajustarse el nudo en público en situaciones puntuales para emular el gesto (socialmente más obsceno) de tocarse sus partes (léase, «me la suda»).

3. Leer la verdad. Si dices la verdad no precisas leer. Te lo sabes de memoria.

4. Mirar de reojo y acariciarse la cara. Si tu cuerpo y cabeza están enfocados hacia delante pero tus ojos miran hacia a un lado, tu actitud es amenazante. Y si te rascas la patilla con un dedo, pareces un mafioso.

5. Reposar la cabeza sobre una mano. Este gesto que el ministro tomó mientras la oposición lo interrogaba la hemos hecho todos alguna vez en clase: «Me aburro y me importa una m… tú y todo lo que me cuentes».

6. Taparse los ojos y media cara. No soportas la verdad. Estás mintiendo e intentando cambiar la realidad. Prefieres no mirar. Así a lo que te enfrentas, momentáneamente, desaparece.

7. Tocarse los ojos y pellizcarse. «Los ojos sólo se tocan con los codos», advierten los mayores a los niños pequeños. Pero cuando estás cansado, estresado y pierdes la visión, parece que frotarse los ojos nos devolverá una imagen más nítida (intentamos engañarnos). Y como inconscientemente estamos pretendiendo huir de una situación complicada, el pellizco trata (violentamente) de devolverlo a la realidad.

 

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rajoypor

Seis errores no verbales de la comparecencia de Rajoy

rajoydedoEs de cajón que para mejorar nuestros puntos débiles comunicativos es indispensable no parar de practicar hasta que se conviertan en puntos fuertes. Las inusuales comparecencias del presidente del gobierno español no siguen esta premisa y por eso ocurre lo sucedido ayer. Señalamos algunos errores que Mariano Rajoy debería  corregir para sus próximas apariciones (con suerte, de aquí a un año).

1. Naturalidad: No teñirse el día antes. Mariano Rajoy tiene como costumbre teñirse con un castaño viejo el día previo a un evento importante. Sería aconsejable, además de cambiar de tono de pelo, colorearse una semana antes para que no se note el cambio tanto ni se descubra tan artificial.

2. Franqueza: Camisa blanca. En numerosas ocasiones hemos criticado las camisas amarillentas del presidente. Ayer, la pieza tiraba a gris… Si se quiere transmitir seguridad y sinceridad, la camisa debe ser blanca. Si se está en condiciones (es decir, se tiene la suficiente fuerza política ) incluso se podría optar por una camisa azul o rosa claro. Obviamente, no es el caso de Rajoy.

3. Poder: Ajustarse el nudo. Aunque aún no entiendo como un presidente del gobierno es incapaz de hacerse un nudo de corbata bien hecho, me parece increíble que para una comparecencia pública tan premeditada y estudiada como esta salga ya con el nudo bajo. Se supone que el lazo masculino anudado al pescuezo debe procurar obediencia y respeto, no insensatez y descuido. Y ya no voy a decir nada sobre el resto del atavío porque es lo de siempre.

4.  Dominio: Boli. Las personas que tienen pánico escénico y miedo a hablar en público se sirven de muletillas verbales («¿vale?», «¿sí?») o materiales (sujetar un bolígrafo). Hace unos años ya expliqué que para Mariano Rajoy sería más conveniente utilizar una pluma o un bolígrafo con consistencia (no un pilot, un bic o pseudoderivados). Además, la tinta negra sella un compromiso; la azul, en cambio,  no es oficial. Por otro lado, jamás se debe apuntar a una persona con un boli ni con el dedo (los periodistas, aunque a él se le antojen así, no son un enemigo al que debe apuntar). Para dar paso al turno de preguntas, se levanta ligeramente la mano extendida y con un leve gesto se ofrece la posibilidad de dar voz a la sociedad.

5. Control: Reloj. Abandonar el reloj de pulsera sobre el púlpito para controlar el tiempo de locución es otro recurso que se recomienda para los oradores principiantes. Ya que en primera fila tiene a muchos de sus asesores, debería confiar en ellos para que llegado el momento le avisen de los timings.

6. Firmeza: Soledad. Hay momentos en el cargo que se deben asumir en soledad. Sin duda, son las situaciones más complicadas pero demuestran carácter y capacidad de liderazgo. Salir a la palestra acompañado por la vicepresidencia (con zancos y fular que hacía el doble de ella) no tiene ningún sentido. Su equipo puede apoyarlo perfectamente desde la primera fila.

 

La comparecencia de Rajoy en tinta azul

Pegándome un baño estaba yo cuando ha empezado mi móvil a sonar y a recibir mensajes de alarma. ¿Fuego? No, Rajoy compareciendo. Salgo del agua y al ver la que se está montando, decido regresar a casa. El presidente del gobierno siente pavor a este tipo de parlamentos y se nota que se ha estado preparando toda la mañana -incluso, al terminar, ha intentado colocarse de nuevo  el reloj de pulsera (supongo que los nervios le han impedido insertar la aguja en la correa) que había dejado sobre el atril para controlar el tiempo). La perfecta raya de su cabello no dejaba ningún pelo al rescate (como es costumbre), el nudo de la corbata estaba bien y el resto del estilismo intentaba no eclipsar la atención tontamente. Así que todas las miradas acudieron al color de su corbata. El azul, además de ser el color corporativo de su partido, invita a la reflexión. Justamente lo que nos asegura Mariano Rajoy con la palabra que está haciendo: tomar una decisión definitiva sobre la posibilidad de un rescate. Pero para no parecer excesivamente preocupado, el lunar blanco le quitaba cierto hierro al asunto, buscando una serenidad enterrada desde hace ya demasiado tiempo. Lo más inquietante, otra vez su bolígrafo. Además de no haberle enseñado aún a controlar sus nervios ante la prensa, la tapa azul se les ha colado a sus asesores. La tinta negra es con la que se firman los documentos oficiales (una especie de «te doy mi palabra»), la azul posee más fiabilidad que el lápiz pero en cualquier momento es posible cambiar de opinión. Es decir, leamos su discurso como un donde dije digo, digo Diego. ¡Ojo con las pensiones y los 400 euros a los parados! Si la indumentaria no miente (y pocas veces lo hace), caen para septiembre.