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Cara a cara la saliva de Cañete y el flequi de Valenciano

Aunque durante la emisión del cara a cara entre Arias Cañete y Elena Valenciano ya fuimos comentando nuestras impresiones a través de Twitter, recojo en este post algunas anotaciones sobre la comunicación no verbal de los dos candidatos.

 

intercambio de colores corporativos Mientras la socialista sorprendió a muchos con una camisa azul klein -muy Europa- y reservó el blanco mujer política para los pantalones, el popular se anudó una corbata roja, tal vez para disimular.

no puedo quitar los ojos de ti En el caso de Cañete, la saliva que se acumulaba en la comisura de su labio era tan desagradable como hechizante (imposible perderle la vista a aquella babilla que en cualquier momento iba a salpicar a su rival o a la moderadora). Por su parte, el flequillo de Elena Valenciano distraía bastante cada vez que le tapaba o se le metía en el ojo.

distinguirse Si conviertes tus gafas en el símbolo de tu campaña, no te las quites para el cara a cara. Sé que no son unas lentes de cerca pero es que tampoco se entiende que Cañete se pasara toda su intervención leyendo (incluso, al final, en su mensaje de despedida, recurrió al papel para recordar el nombre de su formación). En Valenciano, el tono melodramático tan explotado por Carme Chacón no encajaba con la actitud chulesca que acostumbra a mostrar. Por suerte o por desgracia, conforme avanzaba el debate, regresó la fiera.

gráficos y cámaras El aspirante popular aburrió con los gráficos (por Dios, que estamos en el siglo XXI) y la socialista, al finalizar cada una de sus intervenciones, no podía evitar mirar a cámara para ver qué mona estaba.

 

 

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El pañuelo patriota de Arias Cañete para las europeas

Aunque Mariano Rajoy, de momento, no quiera soltar prenda,  todas las apuestas coinciden en apuntar al ministro de agricultura como candidato popular a las elecciones europeas. Mientras, Arias Cañete dice no tener constancia de nada y aparece  con un pañuelo de pecho teñido con los colores de la bandera española. Si fuera por mi, quedaba descartado ipso facto por hortera. Para ser patriótico no es preciso tremenda aberración a la elegancia masculina.

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PP CONVENCIÓN

Cuéntame lo que pasó en la convención del PP

Este fin de semana se ha celebrado en Valladolid la convención del Partido Popular. Y salvo notorias ausencias como las del ex presidente Aznar y Mayor Oreja, nadie más quiso perderse el encuentro. Repasamos algunos factores que enturbiaron la comunicación no verbal de la formación que actualmente gobierna España.

1. Informal. Por todos es sabido que las reuniones políticas celebradas en fin de semana conceden a sus asistentes la posibilidad de dejarse ver con un look más casual. Es una norma tácita muy interesante ya que los líderes abandonan su uniforme (escudo) diario (traje, camisa y corbata) y nos permiten conocer mejor sus gustos y, por consiguiente, su personalidad. Sin embargo, en España se comete el craso error de considerar la ropa informal como un «mepongoloprimeroquepillo» dando lugar a estampas tan inverosímiles como las que hemos contemplado en Valladolid. Entre las que más me han impactado está la ministra de Sanidad Ana Mato con el abrigo azul cielo de cuando sus hijas eran adolescentes, la combinación masculina de la mayoría de asistentes conformada por jean clarito y suéter de cualquier color (azul, rojo, amarillo, verde, gris…) y las botas mosqueteras de Alicia Sánchez Camacho (muy tendencia este invierno pero que conjuntadas con unos pendientes de aro dorados la convierten a una en toda una choni). Porque una estética informal, aunque su éxito resida precisamente en que no se perciba trabajo alguno, requiere muchísimo más esfuerzo y conocimiento comunicativo que enfundarse el uniforme clásico.

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2. Retro. Para su encuentro con las Nuevas Generaciones, el presidente español recuperó la chaqueta de cheviot gris con la que sorprendió para bien en la campaña electoral de 2011. Pero la pieza ya no luce igual. Más cuando uno la combina con una de sus camisas amarillentas y una corbata de los 70. Observando a Mariano Rajoy en TVE, uno podía confundirse y plantearse si aquello no era una escena de la serie Cuéntame cómo pasó o el próximo estilismo de Joaquín Reyes. Pero no sólo el líder de los populares parecía recién sacado del baúl de los recuerdos, allí había más de uno y una que no había renovado vestuario ni pensamiento desde hacía décadas.

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3. Taburete. Vayamos ahora a la escenografía. Últimamente se ha puesto de moda en los encuentros de las principales formaciones recurrir a un taburete para que los líderes transmitan cercanía, frescura, naturalidad… Aunque la estrategia funcionara tampoco sería conveniente abusar de ella como se está haciendo (tanto entre los populares como entre los socialistas), pero es que el taburete casi nunca consigue el objetivo comunicativo deseado. El problema es que primero habría que dar lecciones acerca de cómo utilizar este tipo de sillas altas para no hacer el ridículo. Los hay que pretenden sentarse en el taburete igual que en el sillón de su casa y otros que se creen que pueden acomodarse como si estuvieran en el bar bebiendo una birra. Error. En el tabuerte hay que reposar ligeramente el coxis (las nalgas quedan fuera) con una pierna estirada y la otra flexionada en la vara inferior del asiento (los cantantes con guitarra son los únicos que se sientan totalmente). Pero por supuesto hay que tener previamente en cuenta que hay personas a las que jamás podrá favorecerle una silla tan alta. Sería el caso de Soraya Sáenz de Santamaría en la que el taburete no hace más que evidenciar su escueta estatura (a la pobre le colgaban las piernecillas y esos zancos exagerados que calza ella).

Imitar la postura de Iñaki Oyarzábal.

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4.  Diseño gráfico. No sé qué agencia se responsabiliza de las campañas propagandísticas y diseño gráfico del PP y tampoco entiendo sus objetivos (a no ser que lo suyo sea dinamitar el partido desde dentro). De estar en las nubes hemos pasado a un fondo azul donde una especie de puzzle de España se va desencajando y volviendo a su sitio (no deis ideas…). El eslogan esta vez rezaba  «En la buena dirección» e iba a acompañado de una flecha ascendente. Supongo que no tuvieron en cuenta, o sí, a las miles de féminas indignadas, dentro y fuera de las fronteras, con la ley del aborto impulsada por Gallardón.

PP CONVENCIÓN

 

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Sinceridad absoluta en las respuestas no verbales de Mariano Rajoy anoche

Entrevista desquiciante la de anoche, tanto por el interrogado como por la interrogante. Sin embargo, tuvimos una nueva oportunidad de contemplar algunos desaciertos en la imagen y el lenguaje corporal del presidente español a los que se debería poner remedio con especial premura.

1. Confundirse con el fondo. Antiguamente, con la televisión en blanco y negro, se recomendaba que la camisa de los candidatos en los platós fuera de un tono azulado en vez de blanca. Hoy, después de unas cuantas décadas de color, la mayoría de asesores de imagen españoles siguen empecinados en recomendar el azul a sus líderes sin otro motivo aparente (simple corporativismo, que le favorezca a la persona o que se busque cierta cercanía con el espectador). Anoche el presidente se confundía con los pivotes (especie de mesitas auxiliares) de la escenografía preparada por A3.  Y no hay excusa porque, además de que los asesores deben conocer todos los detalles del espacio que acogerán al invitado, no era la primera vez que Rajoy interactuaba con ese mismo escenario.

2. Consistencia. Pocas veces Rajoy verbaliza términos como «personalidad» y «carácter». Ayer lo hizo pero su imagen, nuevamente, no acompañaba a su discurso. Ni las gafas, ni la barba, ni el cabello, ni la corbata, ni el nudo, ni la calidad de los tejidos y el paño le aportaban fuerza al jefe de gobierno para valerse de conceptos tan poderosos como los que se atrevió a pronunciar anoche.

3. Mirada. Una de los secretos para obtener éxito en cualquier comunicación física reside en mirar a los ojos a los interlocutores ya que se advierte como una prueba de sinceridad e implicación en lo que se está diciendo. Obviamente, esto no significa que se deba aguantar la mirada permanentemente (no se trata de intimidar sino de seducir) pero sí se debe aprender a desviar la mirada (descansar la vista) con disimulo y en momentos del discurso de menor importancia. Por eso, retirar la mirada cuando se pronuncian palabras como «corrupción», «paro», «crisis» o «Catalunya» no es lo más conveniente. Del mismo modo, el tic nervioso en el ojo de Rajoy y que lo hace parpadear cada vez que se siente incómodo con una pregunta o situación debería corregirse de inmediato. Lo debilita en exceso.

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Prácticamente la misma escenografía se utilizó en la entrevista para las elecciones generales de 2011.

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El collar nacionalista de Merkel gana el debate

Durante el debate electoral que enfrentó ayer a Angela Merkel y Peter Steinbruck, los dos lucieron trajes en un azul oscuro casi negro. Pero mientras el socialdemócrata acompañó el atavío  con una camisa blanca y una corbata en tonos grises (¡me aburroooooo!), la actual canciller apostó por un top también blanco y sustituyó su collar de ámbar de la suerte por uno con los colores de la bandera alemana. Por un  guiño tan sencillo, y pese a que me duela en el alma, esta batalla la ganó Merkel.

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TV-Duell zur Bundestagswahl 2013