La corbata blaugrana de Felipe VI en la Copa del Rey

El pasado sábado se disputó la Copa del Rey. Felipe VI, en un gesto sin precedentes, se presentó al evento que enfrentaba esta vez al Sevilla y al Barça con una corbata de franjas blaugrana. Nadie le dio importancia al accesorio: simple casualidad, no hay que darle mayor importancia a algo tan insustancial y superfluo, ¿verdad? Y a los pocos o muchos que percibieron un mensaje oculto y subliminal en la elección estilística del monarca, como si éste tomara partido por uno de los equipos y fuera rey sólo de unos y no de todos, los tacharon de “enfermos”… Pero eso no fue lo que en realidad ocurrió, claro. La polémica se generó porque Felipe VI optó por una corbata de rayas blancas y rojas. ¿Lo comprendes ahora, querido Jordi Cañas? SEGUIR LEYENDO

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Inés Arrimadas (la niña, la nena)

Tiene 35 años pero sus facciones dulces, su constitución frágil, su timidez y el machismo que aún nos condiciona en pleno siglo XXI hacen inevitable que la candidata de C’s a presidir la Generalitat de Catalunya sea para muchos “la niña”/ “la nena” de esta campaña. Después de años en que la única representación femenina recaía en la figura de Alicia Sánchez Camacho, todas  deberíamos celebrar la mejora (con independencia de la inclinación política que nos gobierne).

Consistencia Un líder debe transmitir seguridad (cualidad socialmente, todavía en el siglo XXI, vinculada a la fuerza del hombre) y es ahí donde precisamente flaquea Arrimadas precisamente y simplemente por ser mujer, joven, tímida y delgada. A través de la indumentaria, este aspecto se corrige con prendas de texturas y formas que aporten consistencia a la persona. Si bien la candidata de C’s lo intenta, las hombreras exageradas y los tejidos sintéticos toscos no son la solución porque lo único que logran es desproporcionar zonas concretas del cuerpo.

Señorona En su equipo (porque el mismo problema tuvieron con Albert Rivera) son conscientes de que la otra cualidad que precisa un líder para resultar creíble es la seriedad (madurez). Pero una cosa es trabajar la imagen aniñada de Arrimadas y otra vestirla y maquillarla como una señorona. En el cartel de campaña, casi no se la reconoce… Es un “así será dentro de 15 años”.    

Low Cost Los vestidos tubo son uno de los mejores estilismos para una política de derechas -bueno, de centro, lo que tú quieras- es perfecto porque conjuga en una sola pieza elegancia, profesionalidad y poder de seducción. Pero puede darse el caso de que te los enfundes pretendiendo emular a Claire Underwood en la Casa Blanca y no pases de ser la bella secretaria de un aburrido notario en un triste pueblo de Cáceres. ¿Qué es entonces lo que falla? Cuanto más sencilla es la prenda, mejor debe ser el patronaje y la calidad del tejido. Si te vas al Lefties o eliges modelos de Mango (o pseudoderivados) que acabarán pisoteados a final de temporada en el burro de saldos, es complicado hallar un ápice de sofisticación. Así que o te vas de pijishopping madrileño con Begoña Villacís (Purificación García, Adolfo Domínguez, Hoss Intropia, Bimba&Lola, Uterqüe…) o aprendes a comprar (seleccionar) en Inditex y Asos sin que se note (que es lo que consigue la estilista de House of Cards con muchos de los maravillosos atavíos de Robin Wright).

Naranjitos El hecho de que tu formación se haya decantado por el naranja como color corporativo debe afectar. Y es que muchos de los miembros más visibles de C’s están empeñados en incorporar toda la carta de pantone al uniforme político como reflejo de su supuesta modernidad y heterogeneidad (y hay tonalidades que en la ropa se dan de hostias, con perdón). Este chute de colorinches, por muy xupi optimista que pueda antojarse, infantiliza (algo que precisamente en este caso concreto no conviene) y provoca cansancio visual en el espectador (so much y desconecta… es lo que sucedía con Mª Teresa Fernández de la Vega).

Los Otros Pero del exceso de color pasamos (más en invierno) a rosas empolvados, beiges, grises tristes, burdeos y jerséis negros de cuello cisne. Con esa timidez que la caracteriza, un cutis de porcelana y tonos y texturas deprimentes en la vestimenta, podría funcionar como la doble de Nicole Kidman en la película de Amenábar.

Russian Red En general, jamás se le recomienda a una mujer política que utilice un carmín de un tono subido porque resulta demasiado agresivo -amenazador- en diplomacia. Pero en su caso, al tener unos rasgos y unas facciones dulces e incluso algo aniñadas, le ayuda porque la fortalece. Siempre que usa el rouge para los labios, acierta.

Y yo con estos pelos… Sabes que tu pelo (pobre, fino y débil) no da para más pero insistes en llevarlo largo. Más de una vez, te ocurre que te miras al espejo y parece que te haya relamido una vaca… Por eso, le favorecen muchísimo los recogidos. Tiene una cara y unas facciones preciosas; así que como si le da por raparse, estará guapa igual. Pero aunque la solución más sensata sea cortarse un palmo la melena -se verá más abundancia de cabello (lo que transmite solidez)-, yo de ella me enteraba antes de dónde se vende esa fantástica “pastilla fortificante de pelo” con la que el departamento de prensa de C’s pretendió justificar en su día el milagroso renacimiento capilar de su líder, Albert Rivera

 

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Miquel Iceta, el antilíder

Es el osito que fue abandonado por el último niño que habitó esa casa, hoy ya venida a menos por la inevitable erosión del tiempo. Está sucio y viejo pero aún te mira con ojos inocentes y sonrisa entrañable, convenciéndote de que en el fondo tiene un corazón que no le cabe en el relleno de guata y pidiéndote otra oportunidad. Y aunque tu madre insiste en que lo tires, lo metes en la lavadora con la esperanza de que recupere el rubor perdido. Desgraciadamente, el tambor del centrifugado acabará desmenuzándolo. Pero tú, cabezón y federalista, insistes en juntar las partes. Total, que haces un apaño con aguja e hilo y esperas a que el juguete roto resucite…

Antilíder Como ocurre con el antihéroe, el antilíder carece de todas las características de perfección que se le exigen a un líder. Ni seguridad, ni seriedad. Y encima, en la cercanía -plano en el que podría lucirse- no apetece el arrime.

Adán Si te lanzan un huevo a la cabeza (imbéciles hay en todas partes) y tu aspecto tampoco es que se vea demasiado mermado por el pringue, el asunto es altamente preocupante. Ya no es sólo cuestión de que tu imagen sea agradable y coherente con tu ideario; es que tu apariencia arroje cierto grado de implicación con el aseo (hay gente que por mucho que se limpie sigue ofreciendo un aspecto excesivamente andrajoso). Y no es tanto por la falta de respeto que le demuestras a los demás (el electorado); más significativa es la falta de respeto que te brindas a ti mismo. No se pueden celebrar los 15 mil seguidores en twitter subiendo voluntariamente -sí, voluntariamente- una foto tuya con la camiseta llena de manchas de sudor. Eso más que una celebración es un castigo.

Marca De vez en cuando se pone camisas y polos de marca, como si eso pudiera solventar el problema. Pero nada: el vestuario de Iceta es a la moda lo que el PSC a la política catalana actual.

El hombro tobogán Tranquilos, no se debe a ninguna deformación física: es la americana que le viene grande. A veces parece que tenga un hombro doble y otras, que no tenga.

Puños fuera Se empeña en ultrajar el traje y la elegancia masculina constantemente. Vale que hay que dejar 2cm de puño de camisa bajo la americana pero eso son dos dedos, no medio brazo.

Cetrino Si a esa tez lechosa le añades prendas en colores como blanco roto, rosa palo, marrones, granates (…), acabas con un tono cetrino. Ese aspecto de hombre enfermo que se levanta por primera vez, tras una semana en cama, y que sospechas que aún lleva el pijama bajo la ropa para no coger frío…

Gafas Las lucía insulsas hasta que (como medio panorama político nacional) quiso imitar a Duran i Lleida y darle un toque de color a su andrajoso uniforme. Como es socialista, eligió una varilla roja corporativa.

 

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