Tymoshenko renuncia al glamour pero no a la imagen de mártir

Mientras Alemania (vamos, la Unión Europea, ¿o alguien lo duda aún?) intenta movilizar al resto de países para que boicoteen a Ucrania con el fin de que se libere a la Dama Naranja, las imágenes de los moratones en el cuerpo de Yulia Tymoshenko (51 años) ocasionados por personal de la cárcel donde está encerrada siguen circulando por medio mundo. Acusada por “abuso de poder” a siete años de prisión -aunque casi todos demos por válida la teoría de que se trata de una venganza personal del actual presidente, Víktor Yanukóvich- la Rapuntzel de la política no descuida del todo su imagen. Sigue haciéndose la trenza, aunque mucho más despeinada que a la que nos tenía acostumbrados, y una diadema de goma le sirve ahora como tiara. Incluso, pese al uniforme que se impone a los presos, no ha renunciado al blanco: una cinta de ese color ata su característica y larga cabellera rubia.  Todo para que no se olviden de ella, para que todavía se la reconozca.

El glamour y la sofisticación de Tymoshenko se esfumaron en cuanto tuvo que colgar los Yves Saint Laurent en el armario. De todos modos, aún intenta custodiar su imagen angelical.

 

Aunque se me antojó que quizá Tymoshenko podría soltar su larga cabellera por las murallas de la cárcel para que su príncipe (Merkel, no. Quizá Sarkozy o ya Hollande) treparan por ella, creo que las fotografías publicadas en prensa tienen más que ver con el cuento de la Bella Durmiente.

 

El blanco roto de Yulia Tymoshenko

Cuando decidió abandonar su trayectoria empresarial  e iniciar una carrera política, Tymoshenko supo que para ello era esencial un cambio radical en su look. Tiñó su larga cabellera negra de rubio y la peinó en forma de tiara mediante una trenza (peinado tradicional de las campesinas ucranianas); se hizo con las mejores firmas de lujo del mundo y convirtió el blanco en su color. Su imagen casi angelical la remató con un maquillaje reluciente. Con este aspecto la ex primera ministra consiguió deshacerse de los comentarios de sus opositores que la demonizaban y se procuró el cariño de una parte del país.

Hace dos días la líder de la revolución naranja fue condenada a siete años de prisión por “abuso de poder” durante su mandato al firmar con Rusia en 2009 un acuerdo para la adquisición de gas considerado lesivo para los intereses de Ucrania. Tymoshenko, en prisión preventiva desde agosto al llamar al juez “marioneta”, y sus seguidores están convencidos que detrás de esta acusación hay intereses políticos capitanizados por el actual presidente del país, Víctor Yanukovich. Incluso la UE ha mostrado su disconformidad con la resolución. En la última jornada del juicio sorprendió un detalle en la indumentaria de la Rapunzzel de la política: su blanco puro se convirtió en blanco roto.

 

La líder opositora, entre su hija y su marido, escucha la decisión del juez que la condena a siete años de prisión. Su vestido, blanco roto.

 

 

 

El 30 de septiembre Yulia aún lucía el blanco puro que la caracterizó durante su mandato

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Yulia Tymoshenko, off white

 

 

When she left his business career and start a political career, Tymoshenko knew that it was essential for a radical change in her look. Her long black hair dyed blonde and combed tiara shaped by a braid (hair traditional Ukrainian peasant) was made with the best luxury brands in the world and became white in color. His angelic image almost finished with a shiny makeup. With this aspect of former Prime Minister got rid of the comments that demonize opponents and sought the affection of one of the country.

Two days ago the leader of the Orange Revolution was sentenced to seven years in prison for “abuse of power” during her term in 2009 with Russia signed an agreement to purchase gas considered harmful to the interests of Ukraine. Tymoshenko, in custody since August to call the judge “puppet” and his followersare convinced that behind this accusation is leadered political interests by the current president. Even the UE has shown its dissatisfaction with the resolution. In the last two days of the trial surprised a detail in the clothing of the policy Rapunzzel: its pure white became off-white.