Analizando los carteles electorales

Analizando los carteles electorales de los cuatro principales partidos a las elecciones generales del 28A, he acabado por convencerme de que votaré a Pacma (por cierto, partido que presenta a la única mujer candidata a la presidencia). Es broma, ya estaba decidido de antemano (desde hace años para ser más exacta), pero está claro que en España la innovación, creatividad o distinción de un cartel electoral no determinará el voto. ¡Habrá que valorar los brillantes programas electorales de cada formación! Va, esto último sí es coña. Al lío: SEGUIR LEYENDO

Captura de pantalla 2019-04-12 a las 10.08.14

El significado oculto de la corbata V.E.R.D.E

Podeu llegir aquest post també en català

V.E.R.D.E La corbata verde (aunque la combinara con camisa blanca) escogida por el rey para presidir el partido de anoche entre el Barça y el Sevilla no era un guiño partidista al equipo andaluz. El color del accesorio responde al acrónimo “Viva el Rey de España”, símbolo indumentario adoptado por los alfonsinos (Duque de Cádiz) para identificarse cuando la dictadura franquista no permitía verbalizar el vítor. Esta vez, la corbata verde le sirvió a Felipe VI para contestar sin decir ni mu a les estelades y al gran pitido que recibió el himno español.  

reyes

Los ojos Empieza a sonar el himno y con él, el esperado pitido. Pese a la solemnidad que exige el himno (posición firme de respeto), llama la atención hacia dónde se dirigen las miradas de Felipe VI y el president de la Generalitat. Puigdemont gira la cabeza completamente observando a la gradería del Barça de donde proceden los silbidos (está más cómodo con aquel espacio que con el que ocupa en el palco); Vicente del Bosque tuerce levemente el cuello (le puede la curiosidad) y el rey sólo dirige una mirada que sonríe amenazadora (os estoy vigilando, me las pagaréis). 

puigdemontgiralacara

Sonrisa tensa No hay mayor ofensa que sonreírle a alguien cuando el otro espera que estés cabreado y ofendido porque la sonrisa pasa a interpretarse como una burla o un desafío. Letizia dibujó esa sonrisa en su boca al llegar a su asiento (no me importa que nos pitéis). Sin embargo, para saber si una sonrisa es sincera o falsa basta con observar los ojos. Porque como siempre os digo, se sonríe con la mirada y no tanto con la boca. La reina mostraba una sonrisa tensa (labios rígidos) y ojos muy abiertos (cuando reímos de verdad, los ojos se rasgan); así que su interpretación de “no me importa nada, estoy por encima de todos vosotros” no era nada creíble. Y es que la sonrisa estaba tan petrificada en su cara que le costó darse cuenta que sonaba el himno de España y debía mostrar un expresión más solemne (seria).  Un ejemplo de sonrisa sincera (sólo ojos), aunque fuera maliciosa (cierra los labios para que no se le escape la risita), es la de Artur Mas en la Copa del Rey del pasado año.

Captura de pantalla 2016-05-23 a las 9.17.51

 

ojosmas

Puigdemont no aplaude Una vez acabado el himno, el president de la Generalitat se entretuvo en los botones de su chaqueta (no había motivo porque estaba abrochada perfectamente) para no aplaudir el himno español. Podía haberse quedado sin hacer nada (demasiado agresivo), pero la incomodidad de estar en “territorio enemigo” lo empujó a disimular la ofensa a los asistentes (gesto de respeto pero no de sumisión).

FINAL SEVILLA - BARCELONA

Pitido Tal vez, a medio estadio se le reventó el tímpano (creo que el himno se escuchó desde Australia) pero lograron que el estruendoso pitido quedara más o menos disimulado. Vicente del Bosque no pudo evitar llevarse la mano al lóbulo para proteger su oído.

Captura de pantalla 2016-05-23 a las 9.22.09

Aniversario Por muy rey que seas, celebrar el 12º aniversario de bodas en el fútbol es cutre y motivo de divorcio. 

reyes2

YosoylaCamacho Como Alicia Sánchez Camacho estire más el cuello se desnuca. Menos mal que llevaba los aros de choni para hacer de contrapeso.

pendientesalicia

Pedro Sánchez: guapo, sin más

Desde hace unas décadas, la socialdemocracia española tiene poco sentido. O eso es lo que se desprende de sus vacuos atavíos. La misma desidia les persigue al vestir traje que unos jeans y una camisa. La corbata roja parece ya su último reconocimiento social (el tono aleja del azul de la derecha pero la pieza también los aparta de la rebeldía de la izquierda). No hay nada nuevo, ni nada que decir. Vestirse por sistema, votar por tradición. Pedro Sánchez representa esta triste máxima del socialismo inocuo del siglo XXI.

Guapo, que no atractivo. Hay personas que cumplen los cánones establecidos de belleza pero que no transmiten nada. En cambio, otras de “belleza más discreta” se convierten en grandes seductores. Obviamente, en política es preferible un candidato atractivo (con carisma) que guapo. En España, muchas veces, los medios de comunicación se empecinan en comparar el físico de Sánchez con el de Obama. Pero el presidente de EEUU no es especialmente guapo (Michelle Obama incluso animó a todas la féminas a admirar a su marido por partes, “empezando por las orejas de soplillo”), pero resulta muy atractivo (también para los hombres heterosexuales). En la capacidad de atraer al otro no interviene tanto el físico, sino el carácter y la actitud. Y precisamente es lo que le falta a Sánchez.

El armario de los errores (horrores) Posee percha pero no le saca provecho. Consigue estropear cualquier look, aunque sea de aquellos que se recomiendan porque es imposible fallar con ellos (jeans y camisa).  Tiene un problema serio con los bajos (los trajes deben confeccionarse a medida) como pudo observarse en los Premios Príncipe de Asturias. Y como la mayoría de la clase política de este país, sufre una notable incapacidad sensitiva hacia cualquier equilibrio estético. ¿Pruebas? La cazadora al estilo Ahmadineyad (ex presidente iraní), esa americana con botones de señora que incomprensiblemente aún sigue en su armario, o la corbata verde botella que usa en las grandes ocasiones…. Arghhhhh…

El hombre de Estado. Cada atavío precisa un protocolo distinto. Si uno no es capaz de defender un traje o una corbata, es mejor prescindir de este tipo de indumentaria porque la seriedad y seguridad que se supone que estas prendas pueden aportar, desaparecen cuando no están bien gestionadas. Pocas veces recuerda que la americana, cuando uno se pone de pie, debe abrocharse.

Soy joven, soy cercano.  Los que van de “soy un nuevo rostro en la política del siglo XXI” deberían replantearse algunos de sus códigos estilísticos… Los calcetines de colores (no eres Boris Izaguirre) o la mochila deportiva al hombro (no eres un sherpa) no te hacen más cercano pero sí más inmaduro. Camisa blanca Uno de sus estilismos preferidos es una camisa blanca o azul (podría mejorar bastante la calidad del algodón) con unos Levi’s (acierta en el tono añil de los tejanos ya que es el color original del tejano y transmite seriedad pero los lleva demasiado ceñidos) o con unos chinos claros (un atavío más bien conservador de niño piji). Suele arremangarse (ni de coña como lo hace Obama) y tiene cierta obsesión por llevar suéteres (la calidad vuelve a ser pésima) bajo la americana como si eso le prestara una imagen de académico (y lo que consigue, cuando tira de rojos y azules trasnochados, es un aspecto repelente en plan Zipi y Zape). Es de los que sigue sin comprender que los dos botones desabrochados en una camisa (#pecholobo) es sinónimo de relax (vacacional) y, por lo tanto, nada apropiado para un político en activo.

Suplantación de la identidad Una cosa es inspirarse (aprender de los aciertos de los demás) y otra pretender ser otro (adoptar la identidad de otra persona). En el caso del líder del PSOE es complicado saber quién es él en realidad porque a veces va de Obama; otras, de Cameron; de Suárez; de Rivera; de Iglesias; incluso de Rajoy… “Tengo un estilo pero no me preguntes cuál es porque no lo sé”, ha admitido Sánchez recientemente. Lejos del empecine de algunos por querer atribuir cierta frivolidad al estudio de la apariencia, cuando nos referimos al estilo de una persona estamos hablando de su personalidad. En este sentido, es sumamente inquietante (peligroso) que alguien que aspira a conducir un país no se conozca ni siquiera a sí mismo.

Exteriorizar Un buen asesor de imagen es aquel que logra que los rasgos de su candidato (incluso los negativos) se conviertan en un valor (lo identifiquen, lo hagan especial). Por ahora (y faltan tres semanas para las elecciones), los consultores de Sánchez no han logrado exteriorizar o crear un candidato propio y todas sus estrategias están enfocadas a emular el modo de proceder de los demás: aunque sea reproduciendo la fotografía de un actor.

¿Por qué les gritas? Se puede sonreír con la boca o con los ojos. Sánchez abusa de la sonrisa en la boca, hasta cuando la situación no requiere tal gesto. Eso provoca que, aunque no lo sea, se lo perciba como una persona un tanto bobalicona. Quizá por ello, para combatir esa obsesión suya de gustar a todo el mundo (objetivo imposible) y resultar encantador, se empeña en parecer “duro” en los mítines (frunce el ceño y grita). Alguien debería explicarle que terminar cada frase subiendo el tono de voz de modo exagerado no lo convierte en un líder fuerte. De hecho, el silencio (las pausas en el discurso) resultaría más contundente que intentar convencer al electorado chillando.

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Los gestos de LLuís Rabell sabotean su mensaje

La candidatura “Sí que es pot” ha revelado que su cabeza de lista será Lluís Rabell, hasta la fecha presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona. En su primera rueda de prensa, se lo ha visto inseguro y muy nervioso, algo normal por la expectación generada. Pero Rabell estaba tan agitado gestualmente que ha saboteado todo su discurso verbal perdiendo credibilidad en su mensaje. Veamos lo que ha sucedido…

1. Manos en los bolsillos. Durante su exposición, tenía las dos manos en los bolsillos (inacción). Durante el turno de preguntas, utiliza una para gesticular pero la otra pertenece casi todo el rato en el bolsillo. Ya hemos dicho en numerosas ocasiones que ocultar las manos (las armas) genera desconfianza al interlocutor (“no está siendo del todo sincero”).

2. Camisa blanca. Ha elegido un modelo de manga corta (típico de los movimientos vecinales y sindicales) con un bolsillo en el pecho donde ha metido un bolígrafo. Como estaba nervioso, ha acabado metiendo la mano en el bolsillo de pecho de la camisa (contorsionismo) y acariciando el boli. Y pese a los dos botones desabrochados (en su casa lo que quieran pero como representantes públicos huyan del efecto #pecholobo #esonomelodicesenlacalle), ha acabado sudando (pequeñas manchas que iban apareciendo en el tejido a lo largo de la rueda de prensa). Hubiera evitado tal efecto con una camiseta de algodón debajo o con una chaqueta de lino encima…

3. Incomodidad. Pese a que ha repetido por activa y pasiva que se sentía “muy cómodo”, sus gestos delataban todo lo contrario. Cada vez que trataba el tema de la Diada o la independencia se acariciaba la calva (“a ver cómo salgo yo de esta…”); se tocaba la nariz (“voy a mentir”); se tapaba la boca (“miento”); o se rascaba la oreja (“me estáis sacando de quicio, quiero largarme de aquí”).

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Duran i Lleida en plan macarra

Ya sé que la mayoría estabais encantados con su ausencia pero yo lo echaba de menos… Duran i Lleida ha aparecido en campaña y lo ha hecho en Nou Barris para apoyar la reelección de Xavier Trias como alcalde de Barcelona. Bien, no sé si “apoyar” sería la palabra más adecuada porque el líder de Unió se ha colocado unas gafas de varilla turquesa (siempre acostumbra a llevar unas naranjas o rojas) para competir con las marrones retro de Trias. Y después de este detalle (nunca casual si uno conoce lo remirado que es Duran con su atavío), me ha llamado la atención que por segunda vez hayamos podido ver el medallón que lleva siempre colgado en su cuello pero oculto bajo sus ropas. Al desabrocharse dos botones de su camisa (excesivo para un conservador como él) y amenazar a Ada Colau, la cadena de oro ha tomado protagonismo. ¡Duran i Lleida ha vuelto más macarrilla que nunca!

El pase de diapositivas requiere JavaScript.