Let’s go

Te quieres ir. Estás cansado. Preguntas qué está retrasando la salida y te informan de que Bill Clinton se ha entretenido charlando en la pista. Te das cuenta de que nadie va a ir a avisarlo: él también es un «presidente». Te arremangas la camisa mientras le gritas «Bill, nos largamos» («me estoy puteando, como tenga que ir a buscarte te hostio»). No hace caso. Pegas palmadas (me estoy calentando, te voy a hostiar así). Decides salir a la escalerilla para que tu reclamo logre efecto. Y cuando ya has cruzado el umbral de la aeronave recuerdas que ya te habías descamisado y hay cámaras filmándote (intentas ajustar el nudo pero llevas aflojado el #sólounbotón y no tiene sentido). Como ya te han visto, tiras palante y saludas con una sonrisa («la madre que lo trajo»).

El puto amo.
Vale, ya paro. Pero #loveObama

Obama y el pañuelo de tela

Un pañuelo blanco de tela. A poder ser, con las iniciales bordadas. Lo llevas en el interior del bolsillo para cualquier imprevisto. Porque no hace falta que lleguen el frío y los malditos resfriados para poder lucirlo. Tampoco es imprescindible que haya una dama compungida cerca para que brote la caballerosidad. Así, en el funeral de Simon Peres te impresiona (te desagrada y entristece) que su hijo se seque el llanto (y resto de fluidos, pero no voy a entrar en descripciones más precisas) con las manos. Tu boca se deprime para expresar pena (desagrado, asco, repulsión) por lo que estás contemplando. Que un hombre tan mayor ataviado con traje no lleve un pañuelo de tela se te antoja triste e incomprensible. Y ya sea por bondad, solidaridad o porque sabes que cuando acabe el oficio vas a tener que darle la mano a ese individuo, le prestas tu pañuelo. La cámara de tu fotógrafo oficial capta la secuencia. Y yo, damas y caballeros (los pocos que queden), muero de amor. #loveObama

Vueling tiene un mensaje no verbal para ti

El hombre del traje gris… Según la psicología cromática, el gris genera duda.  En indumentaria diplomática se observa siempre que las explicaciones van a ser parcas o pobres.

Comunión Para no hablar más de la cuenta, ni siquiera en modo no verbal, el presidente de Vueling ha optado por retener sus manos encima de la mesa («no se me va escapar nada de lo que luego me pueda arrepentir»). Sin embargo, ya con la manera de sujetarse (por los dedos) revela más de lo que hubiera querido… «Cogerse las manitas» es un gesto muy propio de los niños cuando quieren presentarse como «buenos» ante sus tutores (va acompañado de un rostro compungido: mirada decaída). No es una súplica de perdón o una muestra de remordimiento (como sí serían mostrar las palmas de las manos hacia arriba, tocarse el corazón o juntar las manos en posición vertical), tan sólo un ademán para intentar aparentar algo que en realidad no se siente. Suele darse en personas que han sido (o siguen siendo) excesivamente reprimidas en su desarrollo emocional y moral. Cuando yo era pequeña, los laicos que se empeñaban en que sus hijos hicieran la primera comunión (no como señal de eucaristía, más bien como evento social) preferían que sus pequeños adoptaran ese posado en la foto del recordatorio (no era tan devota como las manos en rezo, pero seguía siendo una postura supermodosita).

Negar para afirmar Negar con la cabeza se considera un gesto innato: el bebé agita su cabecita hacia un lado y el contrario cuando ya no quiere mamar más (¡NO!)Hay personas a las que le preguntas cómo están y te contestan que «muy bien» pero negando con la cabeza («fatal»).  Bien, a este hombre le sucede lo mismo a lo largo de toda la entrevista. «Siempre hacemos el máximo esfuerzo para que nuestros pasajeros vuelen (…)», «estamos tratando de mejorar nuestro servicio de información (…)» o «volveremos a operar como lo hacíamos», afirma mientras niega con la cabeza… 

Como me pica la nariz, ya no lo puedo resistir… Pese a retener sus manos, en dos ocasiones no puede resistirse más y la mano se le va a la nariz (no es capaz de disimular por más tiempo la falta de sinceridad).  El hecho de mentir produce un hormigueo en las terminaciones de la nariz (aumenta la presión arterial y, en consecuencia, su tamaño = de ahí lo del efecto pinocho) y nos la tocamos para intentar frenar esa sensación. Cuando el presentador le pregunta si nadie previó lo que ha acabado ocurriendo, el presidente de Vueling responde: «Es posible que nos hayamos quedado cortos y la prueba es que en algunos casos nos hemos quedado cortos», se rasca la nariz. Después, cuándo es cuestionado nuevamente acerca de lo que ha hecho mal Vueling, empieza a dudar y no puede evitarlo. «Buenoooo, yo creo que en definitiva es esa planificación que vamos a sufrir y cómo dar respuesta (…)», su cerebro no quiere (no entiende) la mentira y se produce el cortocircuito. 

Nervios No sólo el sudor (hace calor y mucho más bajo un foco, pero al presentador no le ocurre), la boca seca lo delata. No para de humedecer sus labios con la lengua (aarg). Podría deberse al pánico escénico (siendo así, ¿por qué no enviaron a otra persona más acostumbrada a tratar con los medios?) o a que no ha bebido antes de entrar a plató. O simplemente, está sufriendo una deshidratación producida por las altas temperaturas... Pero dada su situación, y con la lectura conjunta del resto de microgestos, el nerviosismo sólo es una demostración de que su cerebro intenta evitar los pensamientos negativos que le están generando la falta de sinceridad y responsabilidad.  

Agresividad frustrada El gesto del minuto 4.13: morro hacia fuera potenciado por la lengua rígida que presiona contra los labios = primate que desea atacar pero, sabiendo que tiene las de perder porque el rival es más fuerte, renuncia. En resumen, agresividad masculina frustrada. Así que el mensaje verbal «dar respuesta a nuestros pasajeros, y en eso estamos empeñados» podemos traducirlo como «me cago en la puta, os quejáis por ná, que os jodan a todos».

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Cara a cara, Iglesias vs Rivera

(També teniu l’opció de llegir aquest post en català)

Localización/Escenografía

El espíritu de Tío Cuco En sólo seis meses han pasado de charlar a pie de calle ( Tío Cuco, un bar de Nou Barris en Barcelona) a hacerlo ya en las altas esferas (en el Círculo de Bellas Artes de Madrid). ¿Alguien quiere seguir hablando de «nueva política»?

La mesa Évole no paraba de recalcarles el tono bronco que estaba tomando el debate. Sin embrago, consciente o inconscientemente, la producción del programa había contribuido a tal clima. Así como el primer cara a cara se dio en una mesa redonda (favorece el diálogo y el entendimiento), esta vez la conversación se asentó en una rectangular (propicia el enfrentamiento y la rivalidad).

Bandera Curioso y gracioso (¿casual?) que al fondo del plano de Albert Rivera ondeara la bandera española.

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Lenguaje corporal

«No te pongas nervioso» Acusar al rival de nerviosismo para desestabilizarlo… Si entendieran que esa percepción de ansiedad se transmite básicamente a través de la comunicación no verbal (que ninguno de los dos domina) y no de las palabras (la relevancia de la palabra en la comunicación sólo es de un 7% )…

Pies La mesa actuaba como escudo y la exposición de su lenguaje corporal pasaba más inadvertida. Sin embargo, cada vez que se hacía un plano general, comprobábamos la posición que habían tomado al sentarse y que mantuvieron durante todo el cara a cara. Ambos tenían los pies cruzados bajo la silla (equivale a cuando cruzamos los dedos detrás de la espalda). Cuando alguien es sincero (o queremos que lo sea) las plantas de los pies están apoyadas completamente en el suelo. Mucha gente asegura que es una posición muy cómoda y habitual. Y sí, es lo que tiene la sinceridad que generalmente incomoda muchísimo….

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Agresividad/frustración La incontinencia gestual de Rivera es su talón de Aquiles. Sus gestos transmiten ansiedad e incluso ciertas muestras de agresividad y frustración. Aunque intenta reprimirse (de pie, manos en los bolsillos para no hacer su sempiterno gesto de barrera/protección: foto2), al tratarse de un lenguaje inconsciente no lo logra y acaba apareciendo un gesto desafortunado en el peor momento. Ayer, en distintas ocasiones, se cubrió la cara con las manos (esta situación me está desbordando) y realizó el gesto de suplica (no puedo, esto me supera). No paraba de negar con la cabeza y de subirse la manga (gestos excesivamente negativos). Aunque el fallo fuera de producción, Rivera se quedó sin agua y aún así apuró hasta la última gota (se estaba ahogando en un vaso de agua).

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Boli Vicio de tertuliano que a Iglesias le sirve para camuflar su nerviosismo y ansiedad. El podemita no sabría qué hacer (comunicar) con las manos y el boli le permite tenerlas entretenidas (que su falta de comunicación no verbal (seguridad) pase desapercibida). Sin embargo, además de un recurso más propio de un principiante de oratoria que de un verdadero líder, el bolígrafo acaba delatando los verdaderos pensamientos del individuo. Como el bebé que busca el consuelo de la madre primero en el pezón, luego en el chupete y, por último, se conforma con su propio dedo; Iglesias se pasó todo el debate llevándose el bolígrafo a la boca (necesito que me reconforten) e incluso presionándolo sobre sus mejillas (autolesionándose).

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Iglesias, el preparao El primer cara a cara lo ganó Rivera. Al igual que le pasó a Felipe González con Aznar, Podemos se ha preparado a conciencia esta segunda vuelta. Bastaba con observar el cuidado orden que mantenía Iglesias con sus notas. Rodeado de información tanto a la izquierda, como a la derecha o en el centro. Las octavillas que ya había empleado las depositaba en otro montoncito. Rivera sólo tenía una libreta a la derecha y que no utilizó para nada. Esta vez, Iglesias se merendó al Naranjito.

 

Indumentaria

Arremangue El arremangue de la camisa tiene un tope, el codo. Por encima es de garrulillo. En política, además, una camisa azul arremangada por encima del codo recuerda excesivamente a la estética marcada por José Antonio Primo de Rivera para Falange… #ojo

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Sobado Aunque Rivera aclaró anoche en Twitter que hacía mucho calor y no habían subido lo suficiente el aire acondicionado, nada más llegar al encuentro su presencia ya se antojaba excesivamente ajada. La pésima calidad de la camisa, el pecholobo que tanto le agrada (nunca jamás desabrochar más de un botón de la camisa), el aspecto sucio de su pelo y alguna gota de sudor que le resbalaba por  la patilla lo dejaron en evidencia incluso ante una presa estética tan fácil de superar como es la de Pablo Iglesias.  Y si la estrategia era competir con la dejadez de Iglesias, creo que se equivoca. Para bien o para mal, el target de C’s no es el de Podemos. Además, sin PSOE ni PP, C’s podía haber aprovechado para captar algún voto más conservador que exige una estética diferente.

Corbata Desde que la «gurú de estilo» Ana Rosa Quintana se la aconsejó y le regaló un par de ellas, Iglesias aparece más veces con corbata. Si Alexis Tsipras acató la americana para gobernar, ahora que el líder podemita acaricia la presidencia le toca supeditarse a la soga al cuello. Si fue capaz de enfundarse un smoking (considerada por las izquierdas como un símbolo oligárquico), en nada acaba con un terno. Sin embargo, la seguridad y seriedad que se busca en el accesorio por excelencia de la coquetería masculina no se da por gracia divina: si el nudo no está bien ejecutado lo que transmite es una imagen de inmadurez nada conveniente para un líder político. Si lo que Iglesias pretende proyectar es una imagen de «rebelde sin causa», el resto del estilismo tendría que estar perfectamente escogido para que destacara el desaliño de la corbata (así sólo sugiere abandono y desgana).