Entonces ganaría Valls

“Las elecciones no son un concurso por ver quién viste mejor”, me advierte un hombre que, pese a no acertar, se ha tomado la molestia de seleccionar una americana, camisa y hacerse el nudo de la corbata. Pero lleva razón en su sentencia; lo sé y lo lamento. Porque si la imagen fuera decisiva, tendríamos una clase política transparente, desacomplejada, segura de sí misma, coherente y respetuosa con los demás, y aún más importante, con ella misma. Si la estética y las apariencias importaran y existiera una opinión pública capaz de juzgarla más allá de lo que dicten las tendencias (políticas, sociales y económicas), el pasado 21D en este país habría arrasado Carles Riera. SEGUIR LEYENDO 

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Mis medidas son

“Mi nombre es Camila Canicoba y represento al departamento de Lima. Mis medidas son: 2.202 casos de feminicidios reportados en los últimos nueve años en mi país”.”Mi nombre es Karen Cueto y represento a Lima. Mis medidas son: 82 feminicidios y 156 tentativas en lo que va de año”.”Mi nombre es Melody Calderón y represento a La Libertad. Mis medidas son: el 81% de agresores a niñas menores de cinco años son cercanos a la familia”… SEGUIR LEYENDO

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Atestado estético 1O

Puede parecer etérea y subjetiva, pero la belleza es sencillamente armonía. Se la reconoce no por su perfección -la perfección reside paradójicamente en la maravillosa imperfección- sino por el equilibrio (paz) que desprende.

La belleza estética tiene su ciencia (la filosofía) e incluso su expresión matemática (el numero Phi). Dice la Ley de la Proporción Áurea (oro, en latín) que para que un espacio dividido en partes desiguales resulte bello debe haber entre la parte más pequeña y la mayor la misma relación proporcional que entre la parte mayor y el todo. Y esta fórmula es aplicable a cualquier conflicto, sea éste emocional, social, arquitectónico, ideológico, político… SEGUIR LEYENDO

A mí, ahora, las formas “me la bufan”

c5eca4_7c30e63ea52a49bba54860879eb0df18-mv2La culpa no es de los que prefieren a Pablo Iglesias antes que a Íñigo Errejón. Ni de los que persisten en presentar a Obama y Trump como el mismo monstruo. Tampoco de los que pretenden hacerse famosos y millonarios retratándose el culo a lo Kim Kardashian. No, la culpa es de aquellos que no hace tanto tiempo, alzados en un trono de supuesta superioridad moral e intelectual, sentenciaron que las formas eran secundarias, superfluas y banales. Infravalorando las formas (el reflejo externo del fondo), estamos hoy donde estamos. La falta de estética se aprecia fácilmente en una diputada que mastica chicle desde un escaño del Parlament, en el regidor que asiste a un pleno del Ajuntament en bañador y en el secretario general de un partido que se presenta en el Congreso con una camisa sin planchar, tres tallas más grande y manchas de sudor. La apariencia (el arte de estar presente, en paz) y la búsqueda de la belleza (armonía entre físico, pensamiento y sentimiento) es una demostración de respeto no sólo hacia los demás, también hacia uno mismo. Por eso, la pérdida de estética es aún más denunciable y alarmante cuando un presidente del gobierno le niega el saludo al líder de la oposición, cuando un político no sabe pedir perdón (dimitir) y, por supuesto, cuando un cargo público sucumbe a la corrupción.

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París

¿Qué que es cultura? París. La belle époque o los locos años 20 de la capital francesa es el éxtasis de la sensibilidad estética e intelectual: ¡la libertad! La sencillez como prueba de sofisticación. Como dijo Diane Vreeland: “Hay que arreglárselas para nacer en París. Una vez lo has conseguido, todo está hecho.”