Tampoco querían que las mujeres votáramos…

Esta última semana me he retrotraído al año 1931, a la lucha en soledad de Clara Campoamor y al lamentable veto de una parte de la izquierda al sufragio femenino. Algunos líderes de Podemos y Els Comuns se han reencarnado en Victoria Kent. Cuando ha llegado la hora de alzar la voz, le han vuelto a decir a Clara Campoamor que «es necesario aplazar el voto femenino» (hoy, el de autodeterminación). Las razones y argumentos que presentan en 2017 son tan  reaccionarias como los que el Partido Radical-Socialista esgrimió en su día para impedir el voto de la mujer. Si los izquierdistas coetáneos de Campoamor aducían la supuesta dependencia de las ciudadanas españolas a la Iglesia y temían que eso hiciese que su voto se decantase a la derecha, hoy le reprochan a la CUP y ERC que vayan de la mano del PDeCat: «¿Es legítimo querer dejarnos aquí con Borbones y Bárcenas e ir de la mano de los Pujoles?», planteó Alberto Garzón en Twitter. SEGUIR LEYENDO

14437165452699

Análisis visual de la bronca de Beiras

Dios Zeus Ojo con expulsar al dios Zeus… Si os ha parecido que ya estaba algo cabreado, como lance un rayo nos condena a todos (y sospecho que con mucha razón) al castigo eterno. No es la primera vez que el líder de la izquierda galega increpa a un miembro del PP. En 1993, ante Fraga, Xosé Manuel Beiras protagonizó el remake gallego de Nikita Krushev aporrenado el estrado de la Asamblea de Naciones Unidas con su zapato y, en 2014 empleó su propio puño (como hoy) para exigirle a Feijoo «decencia» tras conocerse que el presidente de la Xunta había compartido yate con un narcotraficante.

El mejor vestido Incluso en este momento de gran agitación (ese arrebato que nos da a los gallegos cuando defendemos algo desde las entrañas), su bella coherencia ideoestética sigue empoderándolo. La calidad y combinación de tejidos, espectacular. Porque señores de izquierda, porque señores de derechas, porque señores sin corbata, porque señores con corbata…; lo de Beiras es estilo. Además de conciencia ideológica (algo que no abunda), la estética bohemia requiere mayores cuidados que el vestir clásico. Así que, amigos de la nueva política, no intenten imitarlo sin la supervisión de un adulto. El mejor vestido de este país y de Europa.

La verdad bajo el brazo Se acerca al escaño del portavoz del PP para abroncarlo con un dossier bajo el brazo. Pese al enojo, no la suelta en ningún momento (llevo la verdad bajo el brazo). En cambio, ante la invasión de su espacio vital, el popular se escuda tras sus notas (se siente violentado, normal) y empieza a doblar los folios por la parte superior (aunque sea inconscientemente y en una situación de tensión, su inconsciente revela que sería capaz de arrepentirse -traicionar- sus palabras= no cree fervientemente en lo que dice). Cuando Beiras se aleja, el popular recoge sus hojas y las ordena (necesidad de reafirmarse y equilibrarse tras la debilidad sufrida y cometida).

Golpe en la mesa Es una expresión que transmite fuerza y agresividad, sin duda. Pero como siempre os digo, un gesto debe leerse en conjunto, no de forma aislada. Si Beiras hubiera estado apoyado sobre una mesa, el gesto se interpretaría como un «porque lo digo yo». Al estar de pie y llevar la otra mano ocupada, se evidencia un empecinamiento infantil (llevo razón, llevo razón…). Todo el lenguaje corporal que acompaña al golpe en la mesa (asentir con la cabeza y reclinarse hacia delante) confirma su tesis (es sincero, cree en lo que está diciendo verbalmente= «están insultando a los ciudadanos»).

La palma de la mano Si mostrar las palmas de las manos transmite verdad (no tengo nada que esconder), cuando se hace en horizontal es señal de ruego (demanda). Beiras le exige de forma verbal (le repite «pida disculpas») y no verbal (palma en posición de mendigo = «te estoy dando la oportunidad de rectificar y pedir perdón»)  porque considera realmente (sea o no sea así) que el popular ha «insultado a los ciudadanos». Mientras, el popular, con el codo apoyado en la mesa (realmente cohibido), empieza a ventilar la mano derecha de dentro hacia fuera. Este gesto podría significar el deseo de que la amenaza (Beiras) se aleje; pero al hacerlo cuando oye la palabra «disculpas», toma forma de excusa («a otra cosa mariposa» o «me la suda»).

Y puerta (pero con educación) Sería políticamente incorrecto justificar el comportamiento de Beiras. Se supone que en política, uno debe actuar con diplomacia (civismo/cinismo). Pero antes de que algún analista sugiera «agresividad» o «enloquecimiento» en el comportamiento de Beiras, que tenga muy en cuenta la forma en que abandona el parlamento: abre la puerta, encuentra a una mujer al otro lado, y pese al acaloramiento, le cede el paso. Si alguien estuviera a punto de perder los papeles y comportarse como un primate (lucha a cuerpo), tampoco se acordaría de ser un caballero.

Teatro Últimamente el postureo de las nuevas hornadas lo pervierten todo. Por ello, este episodio podría catalogarse también de teatro. Si fuera así -algo que por su comunicación no verbal descarto totalmente-, nos hemos perdido a un fantástico actor.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

  

Beppe Grillo, neomoda

Me preocupa que periodistas y analistas españoles no paren de repetir el parecido entre el italiano Beppe Grillo y el gallego Xosé Manuel Beiras. Porque a mi modo de ver (quizá tenga que ir al oculista) en poco se asemejan.  Quizá el parecido lo encuentren en su cabello blanco a lo Zeus, a su edad madura,  y a su gran complexión corporal. Más allá de ahí, no encuentro coincidencias. Porque la ropa informal, aunque no sea la propia del político oficial (gracias a Dios), poco tiene que ver: uno va de currante (dejadillo) y el otro de bohemio (desestructurado). Y créanme,  no es lo mismo.  En cuestión de estilo, se nota quién es el cómico y quién el profesor.  Y eso no es bueno ni malo, es «diferente». Adjetivo que algunos siguen temiendo como al diablo. Hoy, día de elecciones en Italia, los medios se refieren a la «antipolítica» y «antimoda» de Grillo como del apocalipsis. Y digo yo, si el antiguo sistema está acabado y aspiran a representarlo trajes como los de Berlusconi, no será tiempo de cambiar las tendencias: neopolítica, neomoda.

La imagen de los candidatos gallegos

El panorama de crisis que nos asola acelera la celebración de elecciones. El próximo 21 de octubre tendrán lugar los comicios en «miña terra» de nacimiento. Repasamos el estilismo de los candidatos a ocupar la presidencia de la Xunta de Galicia.

Alberto Núñez Feijoo El cambio de imagen que se procuró para las pasadas elecciones le sirvió para conseguir la victoria. Sin complejos, recurrió a la ayuda de una estilista que le aconsejó con acierto que se olvidara de la gomina (fijación muy propia del PP)  y de las camisa estampadas y optara por americanas más entalladas y corbatas lisas de colores vitales. Sin embargo, nada se pudo hacer con sus insulsas gafas… Inteligente, asegura y presume de vestir de Zara o de otras firmas gallegas. Su peor fallo estilístico fue caracterizarse de bombero calzado con unos náuticos. Aunque su imagen no es mala, últimamente se ha relajado en exceso y ya no muestra el atractivo de antaño. Debe ponerse las pilas en la materia otra vez.

 

Pachi Vázquez  Gana con gafas (o por lo menos me evita pensar en Pepiño Blanco y Manuel Fraga cada vez que lo veo).  Aunque los socialistas sigan empeñados en encorbatarse, a la mayoría no les conviene. Más que nada por lo mismo de siempre: el 99% de los machos españoles no saben hacerse el nudo. Ofrece una imagen mucho más segura y capaz cuando apuesta por estilismos más informales. Él puede permitírselo.

 

 

Franciso Jorquera Totalmente perdido, le resulta imposible definir su estilo. Es de aquellas personas que tienen la capacidad de no transmitir absolutamente nada con su presencia. Quizás en otras disciplinas sea una característica sumamente interesante pero no en política. Menos cuando uno aspira a contagiar un sentimiento nacionalista.

 

 

 

Xosé Manuel Beiras Aunque no sea muy conocido en el resto del país, es uno de los políticos mejor vestidos de España capaz de jugar con piezas desestructuradas en seda, lino, lana, cheviot… Coherente con su ideología, el toque bohemio lo presenta como un hombre de ideas.  Cualquiera con ese bello tono de cana está obligado a presumir de cabello (la fuerza de Sansón) y barba (la reflexión).

 

 

 

 

Mario Conde Claro ejemplo de la decrepitud humana. Aunque no conozcas su historial, imposible fiarse de un hombre que engomina su cabello hasta proporcionar a su cabeza (ideas) un aspecto grasoso y sucio. No entiendo por qué insiste en vestirse como un banquero corrupto. Hay cosas que no hace falta gritar a los cuatro vientos, además hoy en día hay ya demasiados. Las gafas Clic me gustan.