No tengo hijos, tengo perro (a Naya)

Cuando Naya, una preciosa labrador parisina color canela, me adoptó hace 8 años era mi primera experiencia con un perro. Yo era de las que se lavaba las manos cada vez que la acariciaba o me lamía, la que se reía de sus amigos cuando trataban al perro como si fuera un niño y que ponía el grito en el cielo porque un can compartiera el agua del mar con humanos. Gracias a Naya empecé a humanizarme. La limpio con toallitas de bebé cada vez que llegamos a casa (más que nada por la mierda que hay en las calles… por cierto, la toallita sale más negra en Barcelona que cuando nos vamos a la montaña), duerme conmigo, la quiero más que a nadie ni nada y ahora mismo prefiero compartir baño con perros que con determinadas personas (he descubierto que el can suele ser y estar más limpio, en todos los sentidos, que el animal humano). (…) SEGUIR LEYENDO 

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A Sota

Llevo días pensando en ti. La primera noche después de ver lo que te habían hecho, no pude conciliar el sueño. Abrazaba a Naya e imaginaba cuál hubiera sido mi reacción si a ella un desalmado le hubiera pegado un tiro por protegerme. Nunca sabes cómo podrías reaccionar en una situación de crisis, pero algo me dice que yo también hubiera acabado presa o muerta por defenderte y vengarte. Porque todos los animales -los no humanos, más- somos muy buenos hasta que nos tocan lo que más queremos. Y tú, Sota, debías ser lo más preciado de la vida de tu humano; como Naya lo es para la mía y, quizá, como vuestros humanos lo somos para vosotros, los perros. SEGUIR LEYENDO

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El pesebre más transgresor

La alternativa al pesebre tradicional que los comuns han encargado para decorar este año la plaza Sant Jaume es una escenificación de una mesa de Navidad cualquiera. Sillas vacías alrededor de una mesa, donde entre los 12 comensales se identifica el asiento de Jesús por el babero, la de la Virgen por un manto, la de San José por las herramientas de carpintero y la del Caganer porque está agujereada y hay una barratina y las patas llevan lazadas de espardenyes. El musgo hace de mantel y en los platos hay nidos con los deseos de los comensales. La obra es de Sebastià Brosa y le ha costado al erario público 60.000€.  SEGUIR LEYENDO 

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Entonces ganaría Valls

“Las elecciones no son un concurso por ver quién viste mejor”, me advierte un hombre que, pese a no acertar, se ha tomado la molestia de seleccionar una americana, camisa y hacerse el nudo de la corbata. Pero lleva razón en su sentencia; lo sé y lo lamento. Porque si la imagen fuera decisiva, tendríamos una clase política transparente, desacomplejada, segura de sí misma, coherente y respetuosa con los demás, y aún más importante, con ella misma. Si la estética y las apariencias importaran y existiera una opinión pública capaz de juzgarla más allá de lo que dicten las tendencias (políticas, sociales y económicas), el pasado 21D en este país habría arrasado Carles Riera. SEGUIR LEYENDO 

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