Pactos y cinismo

Las mayorías políticas están en riesgo de extinción. Su desaparición no tendría que suponer un inconveniente. Algunos, quizá inocentemente, creemos que la pluralidad enriquece las democracias. La ciencia de la diplomacia incluye –por no decir obliga– el diálogo, respeto y consenso. Si bien, ya se habrán percatado de que tales deberes parecen haberse fugado para siempre de las agendas de nuestros representantes públicos. Y ahora, en el momento de pactar, es cuando más se echan de menos… SEGUIR LEYENDO 

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La estampa de los alcaldables

Cuando analizas las candidaturas políticas en modo ‘mute’ no hay programas o propuestas electorales que te distraigan del contenido y que una vez en el gobierno te defrauden al ser (¡oh, sorpresa!) incumplidas. Las elecciones, más las municipales, a menudo se plantean (y no es poco) como un proceso de selección de personal por parte de la ciudadanía para que alguien gestione nuestra vida administrativa en comunidad. SEGUIR LEYENDO 

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No tengo hijos, tengo perro (a Naya)

Cuando Naya, una preciosa labrador parisina color canela, me adoptó hace 8 años era mi primera experiencia con un perro. Yo era de las que se lavaba las manos cada vez que la acariciaba o me lamía, la que se reía de sus amigos cuando trataban al perro como si fuera un niño y que ponía el grito en el cielo porque un can compartiera el agua del mar con humanos. Gracias a Naya empecé a humanizarme. La limpio con toallitas de bebé cada vez que llegamos a casa (más que nada por la mierda que hay en las calles… por cierto, la toallita sale más negra en Barcelona que cuando nos vamos a la montaña), duerme conmigo, la quiero más que a nadie ni nada y ahora mismo prefiero compartir baño con perros que con determinadas personas (he descubierto que el can suele ser y estar más limpio, en todos los sentidos, que el animal humano). (…) SEGUIR LEYENDO 

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A Sota

Llevo días pensando en ti. La primera noche después de ver lo que te habían hecho, no pude conciliar el sueño. Abrazaba a Naya e imaginaba cuál hubiera sido mi reacción si a ella un desalmado le hubiera pegado un tiro por protegerme. Nunca sabes cómo podrías reaccionar en una situación de crisis, pero algo me dice que yo también hubiera acabado presa o muerta por defenderte y vengarte. Porque todos los animales -los no humanos, más- somos muy buenos hasta que nos tocan lo que más queremos. Y tú, Sota, debías ser lo más preciado de la vida de tu humano; como Naya lo es para la mía y, quizá, como vuestros humanos lo somos para vosotros, los perros. SEGUIR LEYENDO

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