Bolsonaro; ¿pero es que no lo veis?

Seguimos soportando la cantinela de que los votantes de Jair Bolsonaro son sólo víctimas indefensas del sistema y de las mentiras del populismo (mejor dicho de la oclocracia, la muchedumbre). Se intenta evitar responsabilizar al ciudadano de su elección, incluso argumentando que el problema se debe a la incapacidad de la izquierda mientras gobernaba el país (algo que influye pero que espero que no logre que la gente se convierta de repente en ultraderechista). El votante de Bolsonaro, como el de Santi Abascal o Marine Le Pen me producen el mismo sarpullido que los participantes y telespectadores de Gran Hermano o First Dates. SEGUIR LEYENDO

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Sobre el himno y C’s

El miércoles, en la sesión de constitución de la XII legislatura del Parlament de Catalunya, C’s causó nuevamente polémica con su actitud ante el himno catalán. No es la primera vez que ocurre. Ya en 2015, una fotografía del gran Jordi Borràs en la que capturó a Inés Arrimadas con los brazos cruzados (desacuerdo), la boca hacia abajo (disgusto) y la cabeza girada hacia un lado (desvinculación) se hizo viral por el mismo motivo. SEGUIR LEYENDO

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Manspreading y otros micromachismos en el lenguaje corporal

En 2015 la Federación de Transporte de Nueva York anunció una campaña de sensibilización contra el manspreading después de que varias usuarias de redes sociales y colectivos feministas denunciaran esta postura de privilegio de algunos hombres en el transporte público. El New York Times se hizo eco del movimiento con el titular “Tío, cierra tus piernas”. Ahora, la petición llega a los autobuses de Madrid y se espera que pronto también a Barcelona. Pero, ¿qué es, por qué se hace y qué molesta exactamente? SEGUIR LEYENDO 

 

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Time para Peña Nieto

La perfección no existe y, por eso, cuando alguien pretende hacernos creer que podría acercarse a ella, despierta desconfianzas y recelos. No sé si recordaréis la obsesión de Michelle Obama en cada entrevista concedida al llegar a la Casa Blanca por dar detalles mundanos sobre su marido (así conocimos que Barack Obama, como cualquier hombre, deja tirados los calcetines en el suelo). Esta información íntima y poco ortodoxa sobre el presidente de los EEUU servía para equilibrar la imagen de un ser extraordinario, casi un superhéroe, y, por lo tanto, irreal. Por eso, la permanente apariencia de hombre 10 ofrecida por Enrique Peña Nieto se antoja excesiva. Y obviamente, esta portada  (imagen y titular) de la revista Time no ayudan a que el presidente de México resulte creíble. Además de la actitud altiva de Peña Nieto (que refuerza el tupé), el contrapicado de la fotografía agrava la sensación de lejanía. Salvo casos excepcionales, tanto los picados (empequeñecer) como los contrapicados (engrandecer) son poco recomendables para un posado político. Y es que aunque el contrapicado transmita poder, grandeza y seguridad, su uso abusivo por parte de los mayores dictadores de la historia lo ha condenado dentro de la comunicación política. Siempre es preferible posar de frente y que el candidato mire directamente al objetivo de la cámara para conseguir conectar con el observador.

PD. Gracias a José Vázquez por animarme a escribir sobre este asunto.

 

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Hollande, empequeñezido y cabizbajo, ante el Papa

La aparente frialdad con la que Francisco recibió al presidente francés fue ayer la comidilla de todas las tertulias políticas. El Papa, normalmente alegre y cercano, se mostraba algo distante y serio. Muchos han justificado este extraño comportamiento del pontífice hacia su invitado por la laicidad de Hollande y las medidas aprobadas por su gobierno (simplicidad del aborto, matrimonio homosexual y primeros pasos hacia la eutanasia). Otros, también, apostaban porque el verdadero motivo de la hostilidad se debe al triángulo amoroso protagonizado por el socialista galo. Sin embargo, fue simplemente la actitud empequeñecida de François Hollande al pisar el Vaticano la que lo condenó a tal recibimiento. Porque si uno llega nervioso, cabizbajo y con la absoluta convicción de haber pecado (pese a su ausencia de fe) en vez de encontrarse con otro jefe de estado (de igual a igual), se topa ante un líder espiritual y todo lo que eso conlleva (un hombre vestido de blanco, que pese a resultar afable, es moralmente superior). Porque la mayoría de veces, el trato que recibimos de los demás lo provocamos nosotros mismos con nuestros temores, remordimientos e inseguridades.

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Hollande se mostró muy nervioso durante todo el encuentro. Le costó acomodarse en la silla y además, necesitó apoyar sus manos sobre el escritorio del Papa, algo que solo se le permite al que recibe, no al invitado (no me extraña que el Papa lo mire con cara de cabreo, le acaba de dejar las huellas sudorosas en el tablero).