El problema no son las gafas

Dijo Gandhi sobre sus míticas gafas metálicas redondas que eran los anteojos que le habían permitido “visualizar una India independiente”. Lenin estuvo convencido toda su vida de que era ciego de un ojo, casualmente, menudo drama, del izquierdo. No fue hasta días antes de morir que el líder bolchevique no descubrió que el oftalmólogo que lo había examinado de niño se había equivocado en el diagnóstico y que con unas gafas hubiera corregido perfectamente la deficiencia visual (¿ideológica?). SEGUIR LEYENDO

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Y las urnas descabezaron al PP

Anoche, Ciutadans ganó en votos y en escaños. Sin embargo, el vencedor ha sido el bloque independentista. Más concretamente, el triunfador es el president Puigdemont. Y aunque en las crónicas políticas visuales uno debería recrearse con la imagen de los victoriosos, esta vez se me antoja mucho más atractivo (divertido) analizar la del gran perdedor del 21D: el PP.

Xavier García Albiol salió el primero a reconocer su derrota. Lo hizo con la misma ropa con la que había ido a votar por la mañana: una americana de pana con coderas, jeans y cuello libre de corbata. Además de querer ir de progre trasnochado, el postureo de su apariencia era más que evidente si uno se fijaba en la significante ausencia del lazo con la bandera de España y la senyera que, al final, sólo se colgó para los debates televisados (ni siquiera se lo puso para el de la SER). SEGUIR LEYENDO

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Ibas a votar a Iceta pero…

Llegas decidido al colegio electoral. Lo tienes claro: vas a votar al PSC. Iceta te cae bien, parece majo. Y dada la complicada situación que atraviesa Catalunya, crees que la centralidad de los socialistas (no votarías nunca a la izquierda, pero te incomodan formaciones de derechas como C’s y PP) hará que la cosa se estabilice y que el gobierno de Madrid se relaje.

Tomas la papeleta, la introduces en un sobre y esperas pacientemente en la cola para ejercitar tu derecho. Levantas la mirada de tu teléfono móvil cada vez que percibes que los que te preceden avanzan y, en una de esas, adviertes que la presidenta de la mesa y un vocal llevan un lazo amarillo en la solapa de su suéter y americana. Conoces bien su significado y sabes de compañeros, amigos y familiares que lo lucen desde hace más de dos meses; pero no le das mayor importancia a ese detalle estético. Sigues a lo tuyo, abducido por el universo paralelo que proporcionan las redes sociales donde la información, desinfomación y emociones exacerbadas (te amo u odio) campan a sus anchas acerca del candidato, líder y jornada electoral sin ningún tipo de filtro. Lamentablemente, se te acaba la batería y tienes que entretenerte con la anodina realidad. Tu mirada regresa al lazo amarillo que lucen las personas que en unos minutos recogerán tu voto y lo depositarán en la urna, pero entonces algo inexplicable sucede en tu interior. Esta vez, el lazo amarillo emana una serie de estímulos adoctrinantes hacia tu cerebro que te obligan a romper el sobre que sostienes en la mano. No sabes qué sucede. Intentas controlarte pero, sin saber cómo, brujería, abandonas la fila y corres a buscar otra papeleta con una lista de carácter marcadamente separatista que defienda la libertad de los presos políticos y condene el 155.

No existe ningún estudio tan específico (por no decir ridículo) que demuestre que la apariencia del presidente y vocales de mesa influya en nuestro voto en el último minuto. SEGUIR LEYENDO

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Marichalar y los bufones del reino

No le indignó que abuelos, madres y padres de familia, incluso con empleo, bajaran al contenedor más cercano al supermercado de casa para conseguir algo de comida durante los años más cruentos de la crisis. No pareció importarle que la corrupción se incorporara como uno de los conceptos -junto con los míticos de sol, siesta y fiesta- con los que los extranjeros vinculan a nuestro país. Nunca trató de impedir ningún desahucio ni expresó su indignación cuando una anciana, una vecina de Reus de 81 años, murió a causa de un incendio provocado por la vela con la que trataba de sobrevivir tras dos meses con la luz cortada. Ninguna queja por su parte sobre como la globalización en los últimos cinco años se ha cargado el comercio autóctono, patrio, del centro de la capital catalana. Tampoco apareció para condenar el atentado del 17-A…  SEGUIR LEYENDO

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El miedo de Ada Colau

Nuevo discurso institucional. Sí, otro. Después del de Rajoy, Felipe VI y Carles Puigdemont, le ha llegado el turno a la alcaldesa de Barcelona. Y aunque nadie la esperaba, parece ser que hay políticos a los que les encanta ser el muerto en el entierro. Sin embargo, alguien debería explicarle a Ada Colau la diferencia entre un discurso institucional y convocar a la prensa para leer un comunicado -de cabo a rabo y que podía haber colgado en Facebook como ha hecho en otras ocasiones. Si pretendía frenar el choque de trenes y tranquilizar y reconfortar a los ciudadanos ante la tormenta que se cierne mañana sobre la capital catalana, su rostro desencajado, la falta de luz y otros errores en la puesta en escena han acabado provocando más inquietud.  SEGUIR LEYENDO

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