El mensaje de Felipe VI

En su discurso verbal, Felipe VI ha prometido mano dura con el govern y ha querido transmitir “tranquilidad” y control a todos los demás ciudadanos. Sin embargo, por belicoso y amenazante, al rey se lo percibía nervioso, abrumado y superado por las circunstancias (no muy “preparao”). En comparación (si es que cabe la comparación) y sorprendentemente, fue incluso más sosegado, templado y efectivo el mensaje que el rey Juan Carlos envió a los golpistas el 23-F que este incendiario y torpe mensaje no verbal.

 

Lenguaje corporal

Ni la silla ni las manos han permanecido quietas ni un momento provocando una gran tensión.

Amenaza Cuando recuerda que la Constitución y el Estatuto es “la Ley” aparece el gesto autoritario del látigo (0.43). Si hubiera querido presentar la ley como una propuesta o una invitación a la reforma, habría colocado la palma hacia arriba (oferta). El hombro derecho se le echa hacia atrás (tic agresivo, que adivina ataque inminente) al tildar la conducta del govern de “irresponsable” (1.36).

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Enfado “Hoy también quiero transmitir varios mensajes a los españoles, particularmente a los catalanes”. Es cuando se refiere a “los catalanes” cuando apunta/señala/acusa con el dedo (“habéis sido malos y seréis duramente castigados”).

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Fuerza El resto de gestos con sus manos parecían ensayados y, por lo tanto, poco creíbles. Por ejemplo, cuando dice “son fuertes (un puño cerrado) y son sólidos (dos puños cerrados)”. Y si bien el puño cerrado (firmeza) cuando expresa su “compromiso” como rey tiene sentido, flaco favor le hace empuñarlo cuando menciona su entrega al entendimiento (a no ser que quiera advertir  que para lograr esa anhelada avenencia hará uso, si es preciso, de más fuerza bruta…). 

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Ansiedad Las mesas y atriles sirven para camuflar el nerviosismo. Las piernas y pies, que delatan nuestras intenciones de dirección, quedan así ocultas. La silla, de ruedas, no paraba de moverse porque las piernas del monarca (aunque no se vieran) deseaban salir huyendo de tan difícil papelón. No sé si es que de todas las tomas que se han grabado ésta ha sido la mejor, pero bastaba con haberle cambiado la silla de ruedas por una estable para solventar el problema.

Frustración En su rostro se dibuja en diversas ocasiones el ceño fruncido (preocupación), algo que en estas circunstancias es del todo normal. Pero es llamativo la cantidad de veces que ha necesitado humedecerse los labios para continuar con el discurso. Aunque el nerviosismo deshidrata, si analizamos el gesto junto con el resto de ademanes y no en particular, se percibe frustración (agresividad contenida).

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Escenografía

En su despacho, sentado, escudado detrás del escritorio y, haciendo ver, que había estado trabajando en el mensaje (no ha interactuado ni con el ordenador, ni con el folio ni el bolígrafo). El cuadro y las banderas han tomado un gran protagonismo:

El cuadro “La mano izquierda describe un gesto imperativo y en la derecha sostiene el bastón de mando“, este es el análisis que el propio Museo del Prado ofrece sobre el retrato de Carlos III con armadura que preside el despacho del rey… Al asumir la jefatura del estado, Felipe VI redecoró el despacho de su padre. Una de las novedades más llamativas fue sustituir el cuadro del joven infante Felipe de Borbón de Jean Ranc por el de Carlos III (monarca que prohibió el uso de otra lengua que no fuera el castellano…). A causa del plano que se nos ha ofrecido durante todo el mensaje, sólo se apreciaba el bastón que sostiene Carlos III. Cierto que no se ha modificado la decoración (el cuadro ya estaba ahí desde hace años) y que sólo es un bastón de mando (como el que en distintos actos han exhibido “los alcaldes secesionistas”), pero debido al shock visual y emocional recibido por las cargas policiales de este pasado domingo, cualquier instrumento que recuerde a una porra es en sí mismo una amenaza y desde Casa Real sabían perfectamente que ese elemento visual podía antojarse como una evidente declaración de “guerra”.

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Banderas La enseña española se ha colocado expresamente para destacar el escudo del Reino de Aragón (quedaba oculto el de Navarra). Pese a esa pretendida idea de señalar sutilmente la senyera catalana en la puesta en escena (“sois España”), las estrellas procedentes de la bandera Europea ofrecían un divertido trampantojo (estelada).

Indumentaria

Civil Así como su padre utilizó el uniforme de capitán general para ordenar a los golpistas que desistieran de sus intenciones la madrugada del 23-F; el rey Felipe ha aparecido vestido de civil (los supuestos “golpistas” de hoy son diplomáticos y población civil, no militares). Se ha decantado por el color rojo en su corbata. En la eterna pugna cromática España-Catalunya, el rojo/grana es español, mientras que el amarillo (canario, piolín) pertenece a los independentistas. Debo decir que el nudo de corbata, por una vez, era de 10 (#alcésarloqueesdelcésar). Atado y bien atado.

 

Esos rojos separatistas que beben gin-tonics

Si usted es un rojo separatista no se le ocurra asomarse por Casa Fuster. Si lo citan en la terraza con la excusa de que es uno de los pocos sitios que quedan en la ciudad en los que medianamente te saben servir una copa sin tener que ser interrumpido por conocidos a cada sorbo como en el Dry Martini, niéguese en rotundo. Porque usted, por rojo y separatista, no tiene derecho a saborear un gin-tonic, disfrutar de unas espléndidas vistas del Passeig de Gràcia y de una interesante conversación. No importa que le inviten o que haya ahorrado para pagar tan delicioso manjar (unos 12€, si no recuerdo mal), el pecado siempre será el mismo. No se le ocurra demostrar que dispone usted de capital (Dios mío, qué le diría Marx) para pagarlo, eso sería aún mucho peor. ¿Cómo se atreve a defender los derechos del vulgo mostrándoles que pueden alcanzar estados y prácticas orgásmicas que culturalmente les fueron prohibidas? Usted, por rojo, separatista y revolucionario, no tiene derecho ninguno al lujo. Y no se lo digo sólo yo. Ni siquiera es por la deferencia que ha tenido Xavier García Albiol -más dado a la casposidad que ofrece el Majestic o la lujuria del Titus y el reggaeton- al recordarle a usted, rojo y separatista, cuáles son sus límites de gozo en esta vida: “Líder CUP después de manifestarse frente TSJC x la opresión de España, en un hotel 5*GL reponiendo fuerzas revolucionarias”. Es algo intrínseco. En la naturaleza de las cosas, sepa que los lujos y comodidades de la vida pertenecen sólo a unos pocos. SEGUIR LEYENDO

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Errores (no verbales) de Puigdemont con Évole

Ciertamente, Puigdemont dio la cara. Sin embargo, cuando uno da la cara corre el riesgo de que se la partan. Rajoy, en casa o en plasma, es consciente de su falta de carisma y no se expone. El error de la entrevista de ayer no fue del president de la Generalitat por aparecer (enfrentarse, jugársela), pero sí de su equipo por no negociar previamente o supervisar a posteriori algunos elementos visuales y estéticos que ensombrecieron su aparición televisiva. A continuación detallo brevemente algunos de ellos.

 

Escenografía

Asedio Desconozco si esa fue la primera y única opción de localización para esta entrevista. Sin duda, no fue la más acertada. El encuentro se mantuvo el viernes y en Barcelona hubo momentos en que llovió, tal vez fuera el motivo por el que finalmente tomaron ese espacio. Las paredes de piedra, las puertas selladas de madera, un único acceso vago de luz… El president parecía aislado en una celda o atrincherado en un castillo. El protagonismo del vaso de agua (sin jarra) y la pobreza del atrezzo intensificaban esta sensación de asedio y penuria.

Frialdad La sobriedad del ambiente (intenisficada en la edición) es excesiva. La mesa es demasiado alta y proyecta una especie de barrera, otra más, con el espectador. En vez de una entrevista, aquello parecía una sala de interrogatorio (y el president aparecía, quizá no como culpable, pero sí como sospechoso). En este tipo de formatos es más conveniente no obstaculizar la presencia (dos sillas y mesitas auxiliares) para dar  la idea de charla amable y cordial (nada que esconder).  

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Desprotegido El presentador inicia la entrevista advirtiendo de que él es el que está de espaldas a la puerta. Seguramente se refiere a la puerta por la que han tenido acceso a la sala. Aunque la posición de indefensión (no sólo porque entre la Guardia Civil sino porque pueda entrar cualquier intruso sin que uno pueda verlo) la haya asumido Évole, a lo largo de la entrevista los espectadores pocas veces veremos ese acceso detrás de él y, en cambio, tendremos presentes accesos, aunque cerrados, detrás del president. Por lo tanto, la sensación de desprotección y desventaja (espaldas descubiertas) la percibimos visulamente en Puigdemont. 

Oscuridad El carácter cinematográfico que le ha querido imprimir el programa Salvados a la entrevista perjudica también al president. Además del plano corto, la imagen es oscura lo que proyecta una sensación de que se está hablando de un tema turbio. Sólo la luz de la ventana les acompaña y, aunque incida en el president, la claridad que entra no es tan potente como para presentarlo como el elegido (un visionario). En algunas fotografías tomadas durante la entrevista se ve que hay más focos de luz pero el programa decidió darle durante la edición final ese aspecto (¿Por qué? …)

luz

SINLUZ

Lenguaje corporal

Plano corto Ni el mejor intérprete del mundo es capaz de aguantar un plano corto durante tantísimo rato. Un actor político, mucho menos (ni siquiera Obama). Cualquier asesor de comunicación no verbal política sabe que el primer plano debe evitarse (a no ser que esté perfectamente dirigido y editado por el equipo), no es negociable. Mucho menos cuando se dilata de modo tan exagerado. Todas nuestras dudas e inseguridades se plasman en el rostro. No es sólo que pueda aparecer la mentira o contradicción. Durante el diálogo, el pensamiento y la emoción debaten en nuestro interior. El conflicto se filtra a través de las expresiones faciales antes de ser expresado verbalmente. Las manos son las que pueden ofrecernos contundencia al hablar (y disimular carencias). Pocas veces durante la hora que duró el espacio televisivo se vieron las del president (¿lo habían esposado ya?)

Cansado Como el montaje ha corrido por parte de la productora, prefiero no entrar mucho en el lenguaje no verbal (confío, pero no tengo la certeza de que cada gesto del president coincidía con la pregunta que se planteaba). Sí que la percepción era que Puigdemont estaba cansado (normal, menuda semanita…) y algo desmotivado (su carácter siempre ha sido más enérgico y alegre, incluso en contextos perversos). No creo que sólo fuera que Évole lo cazó en mucho asuntos (que lo hizo), sino que se abandonaba a replicar (excesivamente sincero -cierra lo ojos y estira la boca a modo de mueca de derrota- cuando reconoce que votó en contra de la autodeterminación del kurdistán, dando a entender que el entrevistador llevaba razón; algo que jamás hubiera permitido el ego de Artur Mas que siempre tenía la última palabra y le daba la vuelta a la pregunta). El gesto más repetido en el rostro de Puigdemont fue el de apretarse los labios (reprimir una emoción, pensamiento, idea…), manifestando cierta incomodidad. Fue en la última pregunta (la del fútbol) cuando mostró un gran alivio (resopló y sonrió).

Abatido Si no le ves las extremidades, la persona parece inactiva. Algo que en estos días un líder no puede permitirse. Imaginen que una parte de esa entrevista se hubiera dado en un exterior, a la luz del día, de pie y caminando. Todo cambia según cómo nos lo presenten…

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Si el 1O sirviera para algo…

Durante su mensaje institucional del miércoles por la noche, Mariano Rajoy comparó al govern de la Generalitat con “las dictaduras que intentan utilizar el voto para legitimarse”. No es la primera vez que unionistas, constitucionalistas e intransigentes de todo tipo esgrimen tan peligroso y obsceno símil para demonizar el 1O.

Pretenden, quienes lo plantean, que en nuestro imaginario político visual percibamos esta consulta o cualquiera que no les convenga con, por ejemplo, la tiranía de Hitler cuando ascendió en unos comicios al poder o como cuando Franco tiraba de referéndums para limpiar su imagen ante la opinión pública internacional. Sin embargo, ese tipo de perversiones democráticas por parte de tales psicópatas nunca fueron entorpecidas por “su ley”. Es decir, si votar sirviera para cambiar las cosas estaría prohibido…

Históricamente, cuando votar sí ha servido para algo siempre han tratado de impedirlo. SEGUIR LEYENDO 

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