El mensaje (no verbal) del rey en 2020

Tres horas y tres tomas se han requerido para que el rey, finalmente, no dejara de tropezarse al leer. Pero quedémonos con lo bueno: esa habilidad de Felipe VI para parlotear 13 minutos y 30 segundos y no decir nada. Porque si el mensaje verbal estaba vacío, el no verbal también.

Lenguaje corporal

Mirada penetrante «Es complicado transmitir las emociones en el escenario como hacen los actores», le comentaba Felipe VI a su hija Sofía en aquel vídeo en el que toda la familia comía «sopita». Cualquier miembro de la Casa Real, especialmente quien esté llamado a ser rey, se supone que recibe formación en oratoria y también en interpretación. Por lo que sea, el monarca no tuvo esa preparación. Eso explica porque recurre a miradas penetrantes (sufridas o sospechosas) como pausa dramática y lleva a confusión: no sabes si le va a dar un aire o precisa una visita urgente al oculista.

mirada

A destiempo Pese a que se aprecia que ha ensayado los gestos, iban a destiempo de las palabras. Primero se lanzaba el gesto (manos hacia delante) y después venia la palabra correspondiente  (futuro). La descoordinación temporal de palabras y gestos evidencia el ensayo y en un mensaje institucional puede entenderse como un engaño (falta de sinceridad, credibilidad).

Puños Cada mensaje de Navidad (y en el 3O, más) saca los puños (fuerza) cuando se refiere a la unidad. Aunque sea por mi salud emocional, ¿alguien le podría explicar que está feo imponer la unidad por la fuerza?

Realización Nefasta realización y montaje de TVE. Entrando en el 2021, son incomprensible que los cambios de planos (y temas) vengan por un giro de la cabeza del monarca. Les invito a que para el año que viene visualicen los audiovisuales que le prepara la BBC a la reina Isabel II. A diferencia del 3O, ha aguantado bastante bien los planos medios y cortos que han dominado durante el discurso. Es lo que tiene no abordar o pasar de puntillas sobre los temas que le incomodan; al no tratarlos, ni se siente ni el cuerpo expresa su padecer. 

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Qué decían los cuellos de Ruth Bader Ginsburg

El viernes falleció la juez más cuqui del planeta. Feminista y de izquierdas, los cuellos de la juez Ginsburg no eran sólo su seña de identidad sino también una forma de denunciar como el uniforme del poder  (en este caso, judicial) imponía también una renuncia a la feminidad. «Sabes, la toga estándar está hecha para un hombre porque tiene un lugar para mostrar la camisa y la corbata», explicó en 2009 al The Washington Post. Así que consideró que sería apropiado incluir algún accesorio femenino. No iba a ocultar su sexo.

Hoy ese cuello se nos podría antojar inofensivo, pero en su día fue un discurso estético de lo más radical. En 1993, cuando la juez Ginsburg se unió a la corte, las mujeres se veían obligadas a enfundarse un traje de chaqueta con enormes hombreras para emular el cuerpo de un varón. Culturalmente se nos había preparado para que cualquier elemento (también estilístico o emocional) que se asociara a la mujer se dispusiera automáticamente como poco serio.

Y cada cuello tenía su propio mensaje. El de Banana Republic era «el cuello disidente». Se lo ponía para mostrar su desacuerdo ante alguna decisión de la Corte Suprema. Y, por supuesto, lo lució al enterarse de que Donald Trump había ganado las elecciones. Hasta la imagen de su documental, RGB (2018), es uno de sus cuellos. Se trata de una réplica de una chorrera similar que usaba un personaje en una ópera de Verdi a la que había asistido. Cuando se supo de su fetichismo por los collares, y ya convertida en un icono, sus fans empezaron a enviarles cuellos como obsequio y a ella le encantaba lucirlos con orgullo.

Además de los cuellos, le pirraba la moda y no tenía ningún problema en hablar sobre su estilo, las tendencias y abrir su vestidor. En febrero fueron muy comentados sus zapatos de tacón brilli brilli y sus chaquetas nunca fueron aburridas. Personalmente, de su colección de  guantes destaco los de rejilla negros (tengo unos iguales que uso para todas las ceremonias relevantes y que me pondría todos los días) me daban la vida.

Que no perdamos su legado por los derechos de la mujer ni estético. Rest in power!

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A Felipe VI se le cae la máscara

El de ayer fue primer homenaje de Estado aconfesional. Quizá por ello, por lo de laico, las formas del duelo fueron más laxas. Si ponemos atención en la familia real, en el funeral convocado por la Conferencia Episcopal la semana anterior, el luto estilístico fue estricto (salvo las mascarillas). Pero en esta ocasión, el rey se deshizo de la protocolar corbata lisa negra y apostó por una oscura con estampado discreto en blanco. La reina y la infanta Sofía se decantaron por vestidos en azul marino y la falda del de la princesa Leonor lucía en gris. SEGUIR LEYENDO

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