La corbata de Romeva en la cena del MWC

Dress Code Liceu  Así como en el parlament (y en el Congreso) el protocolo en el vestir es tácito (no existe documento alguno que regule explícitamente el estilismo), en el Cercle del Liceu el dress code exige “americana y corbata”. Dado que se trata de un evento privado (se ha alquilado el espacio para la cena del MWC), todos estos requisitos indumentarios quedan inmediatamente suspendidos (el código estilístico se convierte en tácito… Y de ahí, su vulnerabilidad), sujetos a la política estética que determine el MWC (entiendo que esta debe ser bastante flexible teniendo en cuenta que uno de sus invitados es Zuckerberg… ).

Mi libertad acaba donde empieza la tuya…  Volvemos con el tema espinoso del protocolo… Pese a estar en un grupo heterogéneo que aúna diversas sensibilidades ideológicas, Raül Romeva no ha renunciado nunca verbalmente a su vinculación con la izquierda (más bien, pese a la duda de algunos excompañeros de ICV, la ha reivindicado). ¿Debe o puede cumplir la izquierda con el protocolo regulado por el establishment? La izquierda ha respondido de distintas maneras a la imposición del protocolo aristocrático (eclesiástico, castrense, burgués…): 1. Acatar (sumisión que genera pérdida de credibilidad, muy propio entre los socialdemócratas. Sin embargo, en tiempos de clandestinidad, es una estrategia imprescindible para salvar la vida y/o adentrarse en el poder y cambiarlo) 2. Ignorar (rebelarse: me presento como me dé la gana  y pongo de manifiesto mis principios estéticos antisisistema = resuelves el problema de la imposición con tu propia imposición) 3. Declinar (respetar el protocolo del anfitrión u organizador pero poner de manifiesto que no puedes renunciar a tu propia estética (ideales) simplemente por obedecer los de otro, declinar la invitación si no te permiten saltártelo). Ciertamente, si hacemos un repaso histórico, la opción que mejor ha funcionado ha sido la tercera (tan ofensivo e irrespetuoso es saltarse el protocolo del anfitrión como negarle a un invitado, después de solicitarlo previa y amablemente, que pueda acudir con las ropas que considere).  ¿Ejemplos? Existen cantidad pero hoy me quedo con Mandela y Lula da Silva que pasaron de enfundarse frac para la cena de gala del Buckinham Palace (y ya os digo yo que acojona más Isabel II que Felipe VI) y la visita de Evo Morales a España con la chompa.

Corbata “La corbata es un trapo miserable que se transformó en coquetería masculina, y andamos ahí con esa servilleta bien incómoda, con el calor”, apunta siempre José Mujica. Sin embargo, aún sigue siendo el accesorio por excelencia de la vestimenta masculina. Se supone, si se usa bien (nudo bien seleccionado y ejecutado, cuello camisa y americana correspondiente…), que le aporta al hombre seguridad y seriedad. Ahora bien, eso no quiere decir que sea imprescindible para transmitir esos valores. Romeva es uno de los mejor vestidos (siempre que evite el #pecholobo) del panorama político catalán, español y europeo. Ayer, no fue una excepción: tanto el traje, como la camisa y el lazo eran los adecuados y dejaba en evidencia a todo aquel que pasara por su lado (incluido el rey). La calidad de las piezas que suele vestir (estuvo años en Bruselas y supongo que debió sucumbir a la filosofía de los Seis de Amberes) ya le presta fortaleza y credibilidad suficiente para no tener que atarse, si no lo desea, nudo alguno ni siquiera para enfrentarse a Felipe VI. 

Compromiso Ya sea por principio ideológico -algunos sectores de la izquierda han llegado a vincular la corbata con una soga al cuello impuesta por el capitalismo y prefieren evitar el nudo- o gusto personal -no le agradan, considera que no le favorece o le provoca dolor de cabeza (no es una tontería, si está convenientemente anudada, impide que la sangre llegue al cerebro…)-, Romeva nunca ha aparecido públicamente antes con corbata. Así, ayer, estaba irreconocible (en general, algo no muy positivo para la imagen de un político). El compromiso estético (ideológico) se juzga (se mantiene o se anula) permanentemente.En mitad de un proceso en el que se está invitando al pueblo catalán a desobedecer las normas y leyes que vengan del Estado “opresor”, choca que el conseller d’exteriors acate el protocolo de otros. Seguramente la CUP no hubiera asistido pero imaginemos que lo hacen… Supongo que David Fernàndez no hubiera renunciado a sus camisetas reivindicativas y que Antonio Baños lo hubiera hecho con corbata. Ambos casos hubieran sido coherentes, pues Antonio Baños sí que nos tenía acostumbrados a compaginar estilismos formales e informales.  Si al conseller d’exteriors simplemente le apetecía vestir, por un día, una corbata, podía haber elegido otra ocasión para hacerlo: por ejemplo, en el homenaje a Muriel Casals (corbata negra=luto) del pasado jueves.

Malentendido Seguramente no quiso provocar un conflicto con el protocolo del Liceu, pero la imagen que queda es la del conseller d’exteriors saludando al rey de España con una corbata que nunca lleva = respeto/sumisión. Como siempre repito, lo importante no es lo que uno cree decir sino lo que el otro acabará entendiendo. Y en el mensaje de la imagen de Romeva de ayer hubo una incongruencia personal que generó un malentendido (¿por qué a los catalanes no nos respeta igual que a Felipe VI?). Es decir, el mensaje no verbal fue equivocado.

 

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