Fernández Díaz suda un Rato

Comparecencia no verbal del ministro de interior para tratar de explicar su reunión con Rodrigo Rato.

1. Aflojarse la corbata. Te sientes intimidado. La situación te supera. Estás incómodo. Comienzas a sudar y te cuesta respirar.

2. Recolocar el nudo en público. Símbolo fálico de la coquetería masculina, muchos hombres precisan ajustarse el nudo en público en situaciones puntuales para emular el gesto (socialmente más obsceno) de tocarse sus partes (léase, «me la suda»).

3. Leer la verdad. Si dices la verdad no precisas leer. Te lo sabes de memoria.

4. Mirar de reojo y acariciarse la cara. Si tu cuerpo y cabeza están enfocados hacia delante pero tus ojos miran hacia a un lado, tu actitud es amenazante. Y si te rascas la patilla con un dedo, pareces un mafioso.

5. Reposar la cabeza sobre una mano. Este gesto que el ministro tomó mientras la oposición lo interrogaba la hemos hecho todos alguna vez en clase: «Me aburro y me importa una m… tú y todo lo que me cuentes».

6. Taparse los ojos y media cara. No soportas la verdad. Estás mintiendo e intentando cambiar la realidad. Prefieres no mirar. Así a lo que te enfrentas, momentáneamente, desaparece.

7. Tocarse los ojos y pellizcarse. «Los ojos sólo se tocan con los codos», advierten los mayores a los niños pequeños. Pero cuando estás cansado, estresado y pierdes la visión, parece que frotarse los ojos nos devolverá una imagen más nítida (intentamos engañarnos). Y como inconscientemente estamos pretendiendo huir de una situación complicada, el pellizco trata (violentamente) de devolverlo a la realidad.

 

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