Por qué Varoufakis sí pero tú no

Llevo ya unos cuantos días recopilando y estudiando todo lo que se publica acerca de la figura del primer ministro de finanzas griego. Existen extensos e interesantes análisis sobre la apariencia de Yanis Varoufakis, pero me entristece que aún (dentro y fuera de nuestras fronteras) sigamos creyendo que cualquiera, con la misma ropa, hubiera sido capaz de comunicar igual (una creencia pueril, típica de adolescentes, que considera que imitando el look de sus estrellas, se convierten en ellas). Porque no es cuestión de que este hombre esté bueno o no, de que tenga unos rasgos faciales típicamente helenos o cara de malo. El secreto es el carácter (actitud, personalidad…). Reconozco que es una cualidad cada vez menos frecuente pero quien la posee, tarde o temprano, tiene el éxito asegurado. Veamos qué tiene Varoufakis que otros no.

1. Pose. Aunque no es muy recomendable que un político oculte sus manos en los bolsillos (engaño, inacción, pasotismo…), dadas las circunstancias a las que se enfrenta (una Europa hostil) es un gesto valiente. Además, suele guardar solo una mano en el bolsillo (esta tarea es tan fácil que no requiere toda mi atención) y si son las dos, empuja los bolsillos hacia fuera (reclamando su espacio vital). El apoyarse con un solo pie también es una pose nada vista en un representante público, por lo que tiene de vacilona (la espera me está resultando soporífera), pero es que el contexto se lo merece.

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2. Mirada. Sus rasgos faciales son tan duros que no le hace falta que invierta en nada más para transmitir fortaleza. Si se pone serio, fulmina al enemigo con una mirada. Pero lo mejor es que sabe cómo sonreír con los ojos. Aunque haga la mueca con la boca, le reconocemos la amabilidad del gesto en la mirada (sinceridad) y hay muy pocas personas que puedan conseguir un efecto así.

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3. Feminidad. Es tanta la seguridad y seriedad que emana que se puede permitir caprichos estéticos que en otro se antojarían ridículos o incluso afeminados y que a él, simplemente, lo dulcifican y lo convierten en un Dios humano. A ver cuántos machitos ibéricos pueden lucir sus camisas de colores y estampados… Por cierto, la camisa azul eléctrica que escogió para su visita a Londres (y que le quedaba prieta, la verdad) dice su mujer (una reconocida artista griega, hija de una familia adinerada del sector textil) que fue la consecuencia de haber perdido la maleta en el vuelo y haber tenido que bajar a comprarse una en un segundo.

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4. Cabeza rapada. Por desgracia, el daño que los hipsters han provocado a la seriedad y seguridad que representaba un hombre barbudo es incalculable. Así que el prototipo de hombre protector y fuerte se ha visto alterado de repente, incluso en el panorama intelectual. Porque que un hombre, en los tiempos de injertos que corren, sea capaz de asumir su alopecia y raparse la cabeza dice mucho de él.

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5. Te aplastaré. Ya no se estila pero con una bota o un botín (aunque sea de caña baja), dominas el mundo. Es lo que tiene ser un motorista… El cuero y las botas son imprescindibles para protegerse. Y está claro que Varoufakis antes que economista y político es motorista.

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5 thoughts on “Por qué Varoufakis sí pero tú no

  1. Marie

    Querida Patrycia,
    Mi intención fue resistirme pero me acabas de dar el empujoncito definitivo para seguir el ‘hype’ de Varoufakis. Me rindo!

  2. Marie

    Y a propósito de su pose: En Grecia dicen que es el primer ministro de economia que mete la mano en su propio bolsillo, y no en el bolsillo de los votantes. :-)

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