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Griegos sin corbata

Cuando Andreas Papandreou regresó del exilio en 1974 fue recibido por una gran multitud en el aeropuerto. Y nada más descender del avión, el líder socialista se sirvió del código indumentario para hacer patente que una nueva era llegaba a Grecia, después de siete años de dictadura militar: chaqueta de cuero negro, pelo largo, patillas y un reloj enorme en la muñeca. La imagen contrastaba totalmente con la que utilizaba en los años 60 cuando era ministro de coordinación económica en el gobierno de su padre, George Papandreou, y gastaba traje oscuro y corbata.

Ya convertido en primer ministro, decidió que para dar credibilidad a sus discursos en el parlamento debía huir de la opresión de la corbata. El jerséi de cuello alto se convirtió  en un símbolo de libertad, ruptura, regeneración. Y obviamente, las críticas de la oposición sobre el atavío del fundador del PASOK fueron feroces: el cuello alto era una amenaza para el sistema conservador. Pero el enfrentamiento estilístico le proporcionó aún más fama a Papandreou y tanto los miembros del gobierno, como los militantes y simpatizantes socialistas acabaron imitando y popularizando el look informal de su líder.

Hace un año, Alexis Tsipras, quien puede convertirse el 25 de enero en el nuevo primer ministro griego, apareció en un acto público luciendo cuello Zhivago. Otra vez, el «atrevimiento» no gustó. «Hace falta mucho más que un cuello alto para llegar a ser Andreas», le gritaron. Nunca más se lo ha vuelto a poner. Dicen desde su equipo que el líder de Syriza prefiere «un sencillo traje oscuro y una camisa blanca». Pero pese a su intento de no pronunciarse (ofender) en exceso con su vestimenta, jamás se lo ha visto con una corbata y eso, aún hoy, sigue provocando mucho miedo.  A mí, sinceramente, lo que me asusta es que alguien de izquierdas y que desea cambiar el mundo pretenda hacerlo vestido de lo que no es o disfrazado de otro. La valentía teórica no la encuentro en la práctica indumentaria; pues ya me dirán qué tiene de novedoso, recién estrenado el 2015, enfundarse una camisa blanca y renunciar a la corbata. Necesito más garantías estéticas para apreciar la metamorfosis política que tanto predican.

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