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Por qué la explicación de Angélica Rivera no es creíble

Análisis rápido (tengo que salir pitando ya) sobre el mensaje audiovisual que la primera dama mexicana emitió ayer para explicar la pedazo «Casa Blanca» que posee. Muchas gracias a @AnaCastleC por informarme de la emisión del vídeo.

1. Opulencia y poder. El tono morado del blazer de la primera dama no era el más idóneo para la ocasión ya que es un color para evidenciar el poder y la opulencia. Si hubiera deseado defender la independencia femenina, hubiera optado por un lavanda. 

2. Protección. Pese a que la posición corporal que adopta, hombros casi caídos, es de disculpa; la mesa tras la que se escuda crea una enorme y poco conveniente lejanía con el espectador.

3. Guión Si estamos convencidos de nuestra verdad, no precisamos de un guión para defendernos. El montoncito de hojas se antojaba como el story board del vídeo (y puede que lo fuera). Ella, más que nadie, debería saber que un buen actor o se aprende el guión o improvisa.

4. Perfección. Le ocurre igual que a su marido: exceso de perfección. Make up y peluquería muy forzada, poco natural. Las pestañas postizas no ayudan para evitar que el mensaje verbal no parezca falso.

5. Gesticulación. Demasiada gesticulación con las manos y los brazos (se traduce como nerviosismo) que no acompañaban al mensaje o, incluso, que contradecían lo que estaba diciendo. Un ejemplo: «Yo no tengo nada que ocultar», dice en una ocasión del vídeo. Mientras afirma, entrecruza los dedos de sus manos y se protege. Si fuera cierto, habría tendido las manos sobre la mesa con las palmas de la mano hacia arriba.