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Y ahora Cándido Méndez de Ralph Lauren

Que estoy por regalarle un ejemplar de Espejo de Marx, ¿la izquierda no puede vestir bien? a cada uno de estos que se hacen llamar progres. Aunque con Pablo Iglesias ni así dio resultado y no se le ocurrió otra cosa  al líder de Podemos que pregonar a los 4 vientos que vestía de Alcampo (Auchan) como si tal cosa (como si el hecho de vestir sus ideas en una multinacional que confeccionó sus ropas en la fábrica téxtil de Bangladesh y en la que perecieron 1.038 personas no fuera con él). En fin, que ayer el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se reunió con los sindicatos para explicarles su intención de bajar el IRPF (no solo a los muertos de hambre también a los ricachones) y allí estaban los representantes del trabajador llano con sus atavíos «revolucionarios»: americana, camisa y hasta uno con corbata. Pero el secretario general de UGT, Cándido Méndez, quiso aportar un vestido más claseobrerista. Así se enfundó una cazadora al estilo Ahmadinejacket, salvo que la suya en vez de haberla adquirido en un mercadillo de Teherán a 5 euros llevaba la huella de un jugador de polo estampado en el pecho. Seguramente la pieza de la firma elitista estadounidense Ralph Lauren la sacó de El Corte Inglés, esa empresa española ecosostenible y de la que tan buen concepto preservan sus empleados. Tal vez, si su nuevo resbalón ideoestético se convierte en polémica como el que ocurrió con sus supuestos Rólex, otra vez vuelva a asegurar que la chaqueta y el polo que llevaba debajo se lo regalaron hace 25 años unos amigos… A ver si de una vez despierta la izquierda de verdad en este país porque, por el momento, su credibilidad indumentaria sigue por los suelos.

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A ver, hay otras opciones de piezas que podría ponerse pero sí realmente le gusta llevar un polo y una cazadora, por favor, que elija prendas donde no sea tan evidente la marca… Y mira que en la camisa de su compañero de CCOO también se adivina una banderita en el boslillo de su camisa blanca…

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Ahmadineyad aseguraba que sus míticas cazadoras las compraba en un mercadillo de la capital a 5 euros. Quizá fuera mentira pero al no llevar la marca estampada en el pecho pues tampoco se podía decir que no fuera cierto.

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Además de las pintas zarrapastrosas, no debería haber algún otro elemento que distinguiera a los defensores del trabajador.

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Por si a alguien le apeteciera reflexionar. Aquí el gran Marcelino Camacho.