A Dios pongo por testigo que nunca más volveré a vestir de traje

El quebradero de cabeza de Francisco Camps ataca de nuevo. El Tribunal Supremo ha decidido por unanimidad reabrir la causa contra el presidente valenciano por un presunto delito de cohecho pasivo al haber recibido regalos de la trama Gürtel.

“Ya que robas, roba bien”, nos aleccionaba un profesor de matemáticas de primaria y ex alcalde del pueblo donde me crié. Tal consejo ha venido una vez a mi mente al enterarme de que el Tribunal Supremo ha decidido por unanimidad admitir los recursos de la Fiscalía y los socialistas valencianos contra el sobreseimiento ordenado por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) el verano pasado por el caso de los trajes de Camps. La decisión del Alto Tribunal devuelve «las actuaciones al magistrado instructor de la causa para que continúe su tramitación» en el Tribunal Superior de Justicia valenciano. Y es que si el líder popular valenciano presuntamente sólo se ha quedado con los trajes (de la firma Milano) es que es un alma pardilla (que no inocente). Si los trajes hubieran pertenecido a Dior o Armani, siempre podría haberse declarado “fashion victim”. Y es que supongo que el trastorno de la locura por ir a la moda está contemplado en nuestro código penal. ¿No?