La pena de Bachelet

Michelle Bachelet se despide de sus años como presidenta de Chile con muy mal sabor de boca. Quiso el destino que la tierra temblara con una intensidad de 8,8 en la escala de Richter y que centenares de personas hayan perdido la vida en ese país. Y así, la gran popularidad  de Bachelet se ha esfumado en un momento. Se le reprocha el no dar la importancia necesaria al posible tsunami que se originó tras el seísmo y el no sacar antes a las fuerzas policiales y militares a las calles para impedir los saqueos.

Si bien es verdad, cuando una tragedia ocurre necesitamos culpar a alguien de nuestra pena y la naturaleza, por el momento, no entiende de responsabilidades.  Aunque la actitud que toma el mandatario de un país ante una situación así es importante para disminuir las críticas, también lo es su atuendo. Pese a ser contraria a vestir de negro durante un funeral – debido a que mi madre me vistió de blanco cuando tenía 8 años para decirle adiós a una de las personas más importantes de mi vida y a que normalmente, desde mi adolescencia, escoja la ausencia de color para toda mi indumentaria-, entiendo que hay ciertas pautas que no conviene saltarse a la ligera. La que más me ha chocado en el estilismo de estos días de la presidenta chilena es el uso de joyas. Con pantalón oscuro y chaquetas o blusones de distintos tonalidades (azul, rojo, blanco), Bachelet ha adornado su cuello y sus orejas con collares, colgantes y pendientes de caída.

Se agradece que ante una desgracia de estas características, nuestros políticos se muestren serenos pero sentidos. Y eso también puede transmitirse con la ropa. Colores oscuros o claros (según la cultura de cada país, el color del luto es uno u otro), sin estampados, piezas cómodas y prácticas que indiquen que los representantes están trabajando para devolver la normalidad cuanto antes y, por supuesto, huir de la ostentación que aportan ciertos complementos (relojes, bolsos, zapatos, joyas… ).

El secretario general de las Naciones Unidas, Bank Ki-moon

Bahcelet, de azul, recibe a Clinton, de gris

PD. La tierra sigue sacudiéndose. A mí se me antoja pensar que es para desprenderse de tantos inhumanos que andan por ahí sueltos. Pero claro, al final paga el pato quien no debe. Primero, Haití y ahora, Chile. Lo siento, de verdad.