El hábito hace al monje

Empezamos la campaña catalana con CiU y sin fecha marcada aún para celebrar las elecciones. Será en otoño: octubre o noviembre. Las últimas, en 2006, ocurrieron el primero de noviembre, festividad de todos los Santos. En esta ocasión, quizá la fecha más apropiada sea el 2 de noviembre, día de los difuntos. Ya tocan las campanas…

Aquella imagen me transportó a otra época. Aquella en que la gente acudía en masa a recibir el sermón del párroco del pueblo esperando encontrar respuestas a una vida cada vez más jodidamente jodida. Y es que la preocupación ya no está tanto en la crisis económica como en la ineficaz e insultante manera con la que el gobierno pretende sacarnos de ella. La edad de jubilación y las pensiones son la última ocurrencia de los socialistas para frenar el endeudamiento al que han llevado a este país. Por eso no es de extrañar que ayer los pelos blancos se echaran a la calle para recibir a la que dicen es la única esperanza de recuperación de Cataluña (véase como es de grave la cosa). Aunque supongo que la fecha, un domingo 30 de enero, la hora, las 12 del mediodía, y el día, nublado y con amenaza de lluvia y nieve, no animaban a ningún otro sector a tragarse un mitin a cambio de un viajecito en autobús y un bocata.

Y en un pabellón gris, CiU inició su campaña para las próximas elecciones autonómicas de otoño. Había cambios, o eso se repetían unos a otros para autoconvencerse. A lo pronto, una presentadora pelirroja virtual (la cara de pijina la acercaba a su electorado) daba paso a videoclips de los 80 de Madona (ya saben, cualquier tiempo pasado fue mejor y más para CiU). Y así, los pelos blancos agitaban sus senyeres a ritmo de Lady Gaga. Hasta que llegaron los pelos blancos jefes: Jordi Pujol y Josep Antoni Durán i Lleida. Y una que se ha cansado de defender a Pujol como político atractivo por sus ideas y no por su imagen, en esta ocasión, me quedé desencantada. Sin haber pasado por el barbero y con unos tonos marrones, verdosos amarillentos, Pujol evidenciaba que si las cosas hubieran salido bien o fueran a ir bien, él ya no tendría que estar ahí intentando arrancar votos. Pero Pujol es Pujol y sus discursos aún hoy se agradecen. Incluso, los sermones de Durán i Lleida se soportan. Aunque esta vez, él tan dado a la perfección, optó por camisa blanca y americana negra dando la sensación de que sólo se asomaba como puro figurante, el camarero de todo festín que se precie.

Y al fin llegó el anfitrión; no sólo por ser el candidato a presidente de la Generalitat sino por cumplir 54 añitos. Como sacado de sus vacaciones en los Hamptons, Artur Mas salió al ruedo una vez más con esa imagen arrogante que le proporciona su peinado y su gesticulación. Y así, señor Mas, no debería ganar las elecciones –sus contrincantes desgraciadamente no le son rivales-. No resulta próximo, ni usted ni su esposa. Me aseguran que es usted una bellísima y encantadora persona y para nada vanidoso, pero yo, que tengo la suerte o la desgracia de no conocerle y de dedicarme a opinar sobre política y moda, me quedo con la apariencia.

Como último apunte, Pujol, Durán i Lleida y Mas mezclaron extrañamente sus americanas con pantalones de distinta tonalidad… Ruptura de mensaje pero sin nada más interesante que aportar: “Començar il•lusiona”. A la salida de misa, los pelos blancos resignados compraron La Vanguardia y el postre de los domingos. Cuando no hay propuestas siempre queda la tradición.

PD. Entre el público, un joven me atormentaba con sus gritos: “Molt bé, molt bé. Ara sí!” En pleno siglo XXI me sorprende tanto entusiasmo por nada y más por política. Pero lo que realmente me impresionó es que chaval vistiera pantalones caídos y me dejara ver sus bóxers. Quizá sí que algo está cambiando…