La Beyoncé de las primeras damas

Mientras medio mundo se echaba las manos a la cabeza con las desafortunadas declaraciones del Papa sobre el uso del preservativo en su visita a África, el resto se sorprendía con la llamativa compañía femenina que custodiaba al pontífice. La primera dama de Camerún, Chantal, esposa de Paul Biya, no quiso desperdiciar la oportunidad mediática de tal acontecimiento para sentirse por un instante como cualquier consorte occidental icono de la moda, dígase Carla Bruni.

No tenía ni idea de su existencia. Pero el comentario de un familiar me puso en preaviso: “¿Has visto al Papa?”, me preguntó. Totalmente sometida a la actualidad informativa le contesté rápidamente con un “sí” e inicié el discurso sobre la opinión que me merecía la desafortunada declaración del Papa ante su posición contraria respecto a que el condón pueda evitar más enfermos de SIDA. Estaba en ello, cuando mi interlocutor me interrumpió: “No, no… Digo, si has visto lo bien acompañado que estaba el Papa.” Diez minutos después, Chantal Biya, primera dama de Camerún, entraba en mi vida.

Melena cardada al viento, curvas invasivas, trasero prominente, uñas postizas de vampiresa y labios carnosos resaltados con carmín colorado. Tan perpleja me resultó su imagen de Beyoncé cuarentona, que me entretuve varios días en pensar en ella. Y así, entretenida, la versión online de la revista Yodona me ofrecíó más pistas sobre el atuendo de la camerunesa.

Dior y Hermès para occidentalizar su imagen
Una estética de leona que no encaja con la de mojigata recatada a las que nos tienen acostumbrados las primeras damas occidentales. Y aunque las diferencias culturales de cada país -y más aún de cada continente- son notables incluso para decidir el vestuario más adecuado para ocupar el cargo de mandatario, huelga decir que Chantal, pese a sus evidentes esfuerzos, no resultó vencedora. Y es que aunque la esposa de Paul Biya deseara emular a las Carla Bruni enfundándose en vestidos de Dior o con bolsos de Hermès, sus elecciones no han sido las más acertadas.

Basta con observar las fotografías. Por su imagen, en cualquier momento, Chantal se come de un bocado a la Bruni, al Papa o a quien le venga en gana. Pero, en fin, esperemos que sólo se trate de su imagen.