En nombre del buen gusto diré…
En defensa del buen gusto diré que Michelle Obama no lo posee. Y es que cada vez que me la plantan ante las narices –los mass media, claro- me resulta más complicado entender cómo algunos colegas se atreven a situarla entre una de las mujeres mejor vestidas. ¿Nos hemos vuelto todos locos?
“Ha tomado muchos elementos de la sencilla feminidad de John F. Kennedy: las tres hileras de perlas gigantes, los broches, el giro del flequillo, los colores contundentes, las líneas limpias… Y le queda muy bien. Creo que posee un estilo increíble”, declaró André Leon Talley, editor de moda de Vogue América. ¿Le queda muy bien? Quizá no estemos admirando a la misma persona. Michelle Obama adora H&M, Gap y los almacenes J. Crew. Con tales referencias estilísticas no me extraña que la pobre futura dama ande algo perdida por el mundo de la moda.
Problemas con los pelos
Sin lugar a dudas, el máximo inconveniente de Michelle Obama, a nivel de imagen, son sus duras facciones. A ello, le ayuda el hecho de que la forma de las cejas –seguramente si no se las arqueara tanto, sería mucho más conveniente- y su peinado- el problema es el volumen y el flequillo- no son los más apropiados. Además, las posturas que adopta siempre transmiten cierta incomodidad, quizá debido a su 1.80 metros de altura.
Parece mentira que nadie le haya comentado que su escaso tronco –comparado con el resto del cuerpo- se potencia aún más cuando marca su cintura con esos trajes de una sola pieza hasta por debajo de la rodilla. Sobre esta misma cuestión, los zapatos en punta que ocasionalmente calza, alargan aún más su pie infinito.
La variedad de colores escogida por la mujer de Obama, lejos de resaltar el bello color de su piel, acentúa el que seguramente es un carácter fuerte. De este modo, turquesas, rojos, amarillos… han desfilado sin ningún complejo por su armario. Hasta el punto que la primera dama escogió un modelo de Narciso Rodríguez para la primavera-verano 2009 que parecía haber diseñado el mismo Lucifer en el infierno. ¿Era esa la imagen que deseaba dar al mundo? Seguramente, no. Pero esas cosas pasan porque nadie le dice a “Mrs. O” alguna verdad sobre el buen gusto.




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