Los pezones de Angelina Jolie

Una falda blanca plisada, un suéter gris de algodón de cuello redondo, la melena recogida en una coleta y apenas maquillaje. Angelina Jolie acudió sencilla (elegante) y acertada (respetuosa) a un cordial encuentro con el arzobispo de Canterbury. Sin embargo, el atavío de la actriz acabó generando un gran revuelo mediático… ¿El motivo? Los pezones de Jolie. SEGUIR LEYENDO

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El carrer dels petons

La dislexia provoca que toda funcional brújula del siglo XXI (móvil) se convierta en un trasto inútil entre mis manos. Todavía paseo por mi ciudad a trompicones, avisando a los que pacientemente me aguardan con mensajes de “SOS, no sé dónde estoy”. Por suerte, la gente que me tropiezo por la senda de la desorientación suele ser amabilísima y se entretiene en indicarme con dilatada precisión -no me mandan seguir el camino de las baldosas amarillas, pero casi-. “La siguiente es el carrer dels petons pero ya verás que no tiene salida (…)”, me advirtió hace un par de semanas un atento barrendero. Tras despedirme de mi oráculo, me planté (obviamente) en tan sugerente callejuela… SEGUIR LEYENDO 

 

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Cómo vestir ante el juez

Durante el juicio por el 9-N, Quico Sallés me señaló a través de un tuit el notorio cambio de imagen sufrido entre la Dolores Agenjo que declaraba como testigo por haber sido presuntamente coaccionada por el Govern para celebrar el referéndum en su instituto -de gris (en psicología cromática se considera la tonalidad menos sincera), con un abrigo manta que le cubría hasta la barbilla, apenas maquillada y con gafas de montura transparente- y su intervención horas más tarde en un programa de televisión -de rojo, con el cuello más destapado, maquillada (no sólo para evitar los brillos televisivos) y ya sin las gafas. SEGUIR LEYENDO

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Chanel y el Ateneu Barcelonès

Jamás he entrado en la tienda de Chanel de passeig de Gràcia y dudo que lo haga nunca. Aquella tienda vacía y fría, con un hombre de seguridad con cara de “sólo queremos turistas japoneses, rusos o árabes con cash“, puede que tenga algo que ver. En cambio, en la maison de París me paseo como un chien. No es que adquiera nada -no me lo puedo permitir y si pudiera me decantaría por un vestido vintage de mademoiselle Coco que tengo ya localizado en el Palais Royal y no por uno del kaiser (Karl Lagerfield)-, sólo lo hago por el placer que concede mirar lo bello y etéreo. SEGUIR LEYENDO

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